sábado, 11 de agosto de 2007

Los venezolanos somos muy buenos músicos


Las oportunidades no tienen edad pero son espíritus jóvenes. Siempre llegan con un baño entusiasta, con alegría y el imperio del futuro que abre puertas simultáneas en muchos lugares, sobre todo en los sueños.


Así se sintieron los jóvenes músicos Carlos Arrivillaga, José Ramón Patiño, Jonathan Rivas e Iván Sánchez, todos integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil Carabobo, escogidos para representar al estado y a Venezuela para participar en el 38vo. Festival de Invierno Campos de JordÉo, en Sao Paulo, Brasil, donde tuvieron la oportunidad de realizar talleres con especialistas reconocidos a escala mundial, para profundizar conocimientos y prácticas sobre los instrumentos que ejecutan.


Un total de 21 becas ofreció el Festival para los músicos venezolanos y de Carabobo fue escogido el mayor número después de superar algunas pruebas que los llevaron a volar al país vecino del 7 al 29 de julio pasado y regresar con la mejor sonrisa tras esta experiencia que los llenó de emoción, alegría y agradecimiento con el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles de Venezuela.

Carlos Arrivillaga, contrabajo: Tuve la suerte de trabajar con el maestro checoslovaco Miloslav Gajdos, uno de los principales virtuosos, profesores y compositores de música para contrabajo de Europa. Vine a conocer al maestro en este Festival y regresé con más de 30 obras de él, de gran belleza y complejidad técnica. Usa el mismo tipo de enfoque que para tocar violín, desarrollado durante los años que fue violinista, aplicando al contrabajo de forma fácil y coordenada porque es de la opinión que si no es cómoda la forma de tomar el instrumento, está equivocada su ejecución. En los diversos libros pedagógicos que escribió, creó ejercicios que incluyen todas las áreas técnicas de interpretación del contrabajo. Son obras de arte lo que el compone.


Hubo otro docente que nos dio clases, Pedro Gadelha, quien por sólo nombrar algo de su impecable hoja de vida ha trabajado con directores de la talla de Claudio Abbado, Georg Solti, Seiji Ozawa, Simon Rattle, Mariss Janssons, Zubin Mehta, Daniel Barenboim, Yehudi Menuhin, Bernhard Haitink y Pierre Ovules, entre otros.


Cuando llegué a Venezuela después de recibir clases de estos dos grandes maestros, y tomé mi contrabajo, que estuvo descansando el mes que estuve en Brasil, me di cuenta del cambio. Suena totalmente distinto. Modifiqué tantas cosas dentro de la enseñanza que de alguna u otra manera siento una madurez en su sonido.


Como Gajdos es contrabajista, sabe componer para el instrumento porque lo conoce muy bien. El contrabajo es el único que se afina en cuarta, al revés del resto, de los demás. Es un registro mucho más grave. Crecí al nivel de clases; hicimos música de cámara y práctica dentro de orquestas con obras como Don Juan, de Richard Strauss, Sherezade y la Quinta Sinfonía de Beethoven, obra que siempre quise tocar.

Jonathan Rivas, trompeta: Tuve una experiencia bastante grata en el 38vo. Festival de Invierno Campos de JordÉo porque tuve la oportunidad de conocer y compartir musicalmente con la trompetista inglesa Alison Balsom, una de las solistas más importantes del mundo en estos momentos y también con el grupo de metales London Brass.


En el ámbito técnico siento que tuve un cambio con el aprendizaje de todos estos virtuosos porque Balsom, de acuerdo a una crítica especializada publicada en el periódico St. Petersburgo Times, en abril del 2006, por su disco compacto dedicado a obras para trompeta de Bach, con la trompeta en sus manos, rivaliza en expresividad y colorido tonal con la voz humana.


El London Brass tiene el compromiso de investigar y estrenar nuevas obras que exploren todas las posibilidades sonoras de los grupos de cámara de metales.


También estuvimos trabajando al lado del maestro Andrew Balio, quien entre 1994 y el 2001 fue trompeta solista de la Filarmónica de Israel, bajo la dirección de Zubin Mehta, y cuatro años antes ocupó el mismo puesto en la Sinfónica del Estado de México y de la Filarmónica de Boston. Trompeta solista de la Sinfónica de Baltimore, es un músico que ha ofrecido conciertos en muy diversos lugares y es invitado de prestigiosas academias y universidades de música. De él obtuvimos mucha información valiosa y pudimos, los músicos venezolanos, medir el potencial que tenemos en el exterior, que es bastante.


Con mucha modestia podemos decir que los venezolanos somos muy buenos músicos y dejamos en alto el nombre de nuestro país.


La respuesta del público que por tradición asiste al Festival es grande. Se ofrecen 40 conciertos en 29 días.


Iván Sánchez, tuba: Tuve la oportunidad de ver clases con el maestro norteamericano Don Harry, quien fue tubista de la Sinfónica de Oklahoma y desde 1973 ocupa el mismo puesto en la Filarmónica de Buffalo. Además de tocar, se presenta con la banda de la Academia de West Point, la banda del Ejército de los Estados Unidos y en simposios sobre este instrumento, por todo el país y buena parte del mundo.


El realmente es un personaje. No solamente es buen músico sino que es una gran persona. Estuvimos tocando las 24 horas del día. También tuve la oportunidad de intercambiar con el London Brass. Conocí a Alison Balsom quien, además de trompetista, es una mujer muy bella y todos los instrumentistas de metales la queríamos conocer porque escucharla y verla es un espectáculo.


La calidad de los profesores que van a este Festival es muy elevada.


Estamos realmente muy agradecidos con el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Infantil y Juvenil porque nos sirvió de trampolín para darnos a conocer y proyectarnos allí a nivel internacional.


Los brasileños no podían creer que nos hubiesen subsidiado el pasaje para poder viajar hasta allí. El apoyo que recibimos los músicos en Venezuela de la Fundación les da a entender a ellos lo grande que somos, musicalmente hablando.


Arrivillaga: En todo Brasil, nación con más de 140 millones de habitantes, no existen 200 contrabajistas y en Venezuela hay más de 2 mil.


José Ramón Patiño, trombón: Mi experiencia fue muy reñida porque los seis trombonistas que estaban en el Festival eran brasileros y existió como cierta preferencia para favorecerlos.


No pude tocar en los conciertos porque la oportunidad se la dieron a otros pero lo bueno de todo lo ocurrido es que muchos profesores, al observar nuestro trabajo, ofrecieron becas de estudio en el exterior, por lo que el esfuerzo no fue en vano.
De lo único que puedo quejarme de allá, en todo caso, fue del frío. El evento fue excelente. Hubo un día que bajó la temperatura a menos de 5 grados bajo cero.
El director artístico del 38vo. Festival, Roberto Minczuk, nos agasajó como reyes a todos nosotros. El también es director artístico y titular de la Orquesta Sinfónica Brasileña y de la Filarmónica de Calgary. Entre los premios con los que ha sido galardonado durante los últimos años, se encuentran el Martin Segall; el Grammy Latino al mejor álbum clásico por el CD Jobim Sinfónico, proyecto concebido por Mário Adnet y Paulo Jobim y el Emmy y el Apca al mejor director del 2006. La Orquesta Académica del Festival Internacional de Invierno de Campos do Jordo obtuvo el Premio Carlos Gomes de 2005 y el Premio TIM del 2006.


De acuerdo a la conversación con estos cuatro jóvenes, que no pasan los 23 años de edad, el alma de este encuentro internacional fue la representación de los venezolanos. Ofrecieron conciertos de cuatro, instrumento que causó sorpresa y alegría para quienes lo desconocían, y un cuarteto de Guarenas, Sinfonía Criolla, llenó de sonoridad los rincones de este lugar turístico de Brasil. El Diablo Suelto, Apure en un viaje y muchas otras melodías se fusionaron con el paisaje invernal del lugar.


En Venezuela sobra talento. La mezcla de razas y la jocosidad innata hacen de los nacidos en esta tierra singulares visitantes.


El CD con las grabaciones de las presentaciones lo ofrecerán en la 39na. edición y allí estarán los nombres de estos jóvenes de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Carabobo que se preparan para participar en las audiciones que tienen en septiembre para el montaje, con el maestro Gustavo Dudamel de la Cuarta Sinfonía de Gustav Mahler y la Cantata Criolla, de Antonio Estévez, dos obras complejas, hermosas y difíciles con las cuales lucir los sabores de esta vivencia (Notitarde, 11/08/2207, Confabulario).-

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