sábado, 24 de noviembre de 2007

Laura Mintegi: La narrativa es búsqueda de verdad


Al Primer Encuentro Internacional de Narradores, efectuado del 5 al 9 de este mismo mes, en esta ciudad, estuvo en calidad de invitada la escritora Laura Mintegi, quien en un enriquecedor encuentro realizado en el Ateneo de Valencia habló sobre el oficio de escribir que en ella es particular, nacida en Estella (Navarra), publica sus textos en el idioma vasco.


La actividad tuvo por finalidad abrir un espacio necesario para el diálogo entre los más importantes narradores nuestros y el público venezolano, y, a la vez, conocer otras experiencias como las aportadas por Mintegi.


¿Qué está pasando en materia literaria entre España y Bilbao?
La verdad es que la literatura de España y la del país vasco se dan de espaldas: La literatura española no puede entender la literatura vasca porque la lengua es absolutamente distinta y tampoco parece que hay excesivo interés en entenderla porque las traducciones no tienen ningún éxito porque no funcionan en el mercado y, quizás, como rechazo, puede ser, o por simetría, ocurre algo parecido en el país vasco con la literatura española porque de hecho sí la podemos entender pero no hay un gran interés por ella.


Son dos literaturas que llevan líneas paralelas.


¿No hay ningún punto de encuentro?
Se ha hecho algún intento pero no han funcionado. Diría que ocurre algo similar con la literatura catalana y la gallega, con respecto a la española. Es decir, hay una literatura central y luego otra de periferia, pero no comparten mismas culturas, ni mismos intereses, ni ámbitos de relación.


Yo, difícilmente, puedo hablar de literatura española.


¿Puede establecer diferencias?
Varios escritores estuvimos invitados en un programa de televisión y hablábamos, de que desde el punto de vista del lector, está la literatura vasca excelentemente buena, porque el lector vasco cada vez puede leer más, textos de mayor calidad y esto aumenta en los últimos 20 años de una manera abismal. Desde el punto de vista de nosotros, los escritores, tenemos razones para preocuparnos porque no ha aumentado en la misma medida el mercado. Es decir, el número de lectores está estancado, se le ofrece mucha más obra y de buena calidad, pero el mercado editorial sufre una crisis seria.


Por una parte valoramos que hay un lector cautivo, que es el que lee por obligación en la escuela. Pero cuando ese lector deja sus estudios no se reengancha, no continua leyendo de una manera autónoma, libre. Creemos que puede ser una fase coyuntural, que pude cambiar, pero estamos buscando las medidas para incentivar esa lectura.


¿Qué le gusta de la literatura latinoamericana?
Me he dado cuenta en este viaje de que soy una absoluta ignorante. Conozco, por supuesto, la literatura de los escritores latinoamericanos universales, que saltaron el charco, y llegaron a Europa y todos nos hemos alimentado de ellos, pero es que hay hoy en día una literatura latinoamericana riquísima en variedades, en temas, en autores y en calidades que no conocemos.


Si no vienes aquí expresamente, si no tienes contactos personales, pues no tienes contacto de ella. Estoy teniendo la oportunidad de conocerla y la verdad es que estoy disfrutando de ver la riqueza que hay.


¿Le ha impresionado algo de Venezuela?
La inmediatez. De cómo los acontecimientos políticos se transforman en literatura. Es algo que para nosotros es inverosímil porque necesitamos 40 años para convertir algo en literatura y luego tenemos un pudor enorme para hablar sobre ello y posicionarnos en público políticamente. Aquí veo que el escritor enseguida se posiciona del público políticamente y me parece que es de un gran dinamismo y de una gran frescura y que a mí personalmente, del ámbito que vengo, me llama la atención...


¿Le gusta esa falta de pudor?
Pues, me parece sano porque nosotros somos muy pudorosos e intentamos escondernos siempre detrás de nuestros libros, detrás de nuestra imagen social; pocas veces nos damos a conocer como realmente somos. Esto es interesante para nosotros.


¿Qué me dice de los narradores jóvenes de allí o de aquí?
El narrador joven la única característica que tiene es que es joven y dejará de serlo en un tiempo, entonces creo que le estamos dando un peso mayor del que deberían tener, se crean demasiadas expectativas y ellos también se sienten cohibidos porque se les pega la etiqueta de narrador demasiado pronto. Todo escritor necesita una trayectoria, una evolución; necesita un tiempo para generar su propia voz y desarrollar su propio estilo. Cuando tienes la presión, la inmediatez, de que ya te están llamando escritor y están esperando de ti algo que ya salió en el primer libro que pudiera ser ejemplar, pero no se puede vivir dentro de la excelencia siempre; tenemos que equivocarnos para madurar. Creo que no se les hace un gran favor, poniéndoles etiqueta de escritor.


¿Es positivo o negativo que los estudiantes venezolanos lleven hacia adelante su lucha?
Lo que sé de los estudiantes es que son personas implicadas en un proceso muy inmediato o bien de un lado o bien del otro.


En la literatura hay dos momentos, un momento de vivir y otro de madurar. Son incompatibles. Debe ser así. Hay un momento de actuar y hay un momento de reflexionar. Creo que saldrán narradores que tendrán algo que decir, pero hay que vivirlo primero y hay que vivir esas experiencias. El intelectual es el que actúa en primer término y reflexiona después. No es al contrario. Hay que dar tiempo.


¿Cuál es el proceso o fenómeno del narrador?
La narrativa o toda obra literaria es una búsqueda de la verdad. La verdad mayúscula. No la verdad pequeña, parcial. La verdad aquella de la que hablaba Joseph Conrad, la búsqueda de una justicia mayor en el universo. Entiendo la narrativa como la búsqueda de algo que todavía no existe. De algo que todavía no conocemos, por eso creo que el narrador sí se compromete con su obra, que es lo mínimo que puede hacer, tiene que intentar evitar la escritura automática, o intentar explicar aquello que ya sabe de antemano, aquello que a otros les ha funcionado bien y lo que para él ha sido ya un éxito. Es decir, tiene que esforzarse en que cada libro descubra algo que nunca antes había existido. Eso exige una transformación del autor en cada sesión de escritura. Que al levantarte seas otro que no conocías.


Laura Mintegi está trabajando en estos momentos un libro sobre el enamoramiento, más allá de la cursilería. Estudia Geografía e Historia y ejerce en la Escuela del Magisterio de Bilbao. También es profesora de euskera y literatura en la Universidad del País Vasco. Fundó y dirigió la revista literaria "Ttua-ttua". Se doctoró en psicología y ha escrito regularmente en revistas y periódicos culturales.


Lo primero que publicó fue una colección de cuentos, "Ilusioaren ordaina" que dieron paso a su primera novela "sí pero No" (Bai... baina ez); la segunda novela fue "Fuera de la Ley" (Legez Kampo), el tercer titulo, "Nerea y yo" (Nerea eta biok), su cuarto libro publicado, "Sisifo enamorado" (Sisifo maite minez) y la última novela dada a conocer al público ha sido Ecce homo, que trata sobre maneras de hacer políticas, desde un punto de vista masculino o femenino, independientemente de ser hombre o mujer.


El Primer Encuentro Internacional de Narradores fue organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de Monte Avila Editores Latinoamericana, junto a la fundación Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, el Centro de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos" (Celarg) y el Centro Nacional del Libro (Cenal).


En Carabobo el esfuerzo estuvo concentrado por el Gabinete Regional del Libro Carabobo, conformada por la Plataforma del Libro y la Lectura, la Red de Escritores, Las Librerías del Sur y el Sistema de Imprentas Regionales (Notitarde, 24/11/2007, Confabulario).-

sábado, 17 de noviembre de 2007

Ricardo Bello:Venezuela hoy es una casa dividida


"En Cuba secuestran a los secuestradores. Aquí los reciben en Miraflores y los atienden. Es como un experimento. Uno siente que toda esta tolerancia y este no reconocer la gravedad de la situación pudieran de alguna manera ser una especie de experimento social para desarticular el sistema empresarial, para obligarlo a abandonar el campo, para que luego el Estado pueda tomar posesión de él. Esa es la reforma: Ya tiene el Estado, ahora va por la sociedad", dijo el escritor Ricardo Bello al término de la entrevista, reflexionando sobre su último libro recién publicado "Yo, el secuestrable" de la editorial Libros Marcados.


Hace aproximadamente un año fue entrevistado en esta misma sección para hablar de su visión del país este profesor de pre y postgrado que ahora también ofrece sus conocimientos en cultura y filosofía en el Seminario Mayor de Valencia, ensayista de un estudio sobre José Manuel Briceño Guerrero; otro de Lezama Lima, lector de Pascal y Arte y Miedo; y las novelas Anareta y Cuerpos de agua, cuerpo quedamos, es además colaborador los días lunes de Notitarde y otros medios impresos y digitales a nivel nacional. Doctor en Letras de la Universidad Simón Bolívar, ha realizado estudios de administración en el IESA e hizo un postgrado en la UCAB.


"Yo, el secuestrable" es una crónica, uno de los relatos más personales de Bello, quien apenas meses atrás estuvo a punto de ser secuestrado al salir de su hacienda, ubicada a una hora de Valencia.


La historia del libro más que estremecedora es atemorizante porque se narra lo que se presiente, que dejó de serlo, para convertirse en una mezcla de sentimientos encontrados frente a la conmoción con la que uno más se identifica: La impotencia.


¿Cuál fue la primera reacción después del intento de secuestro?
-Inicialmente, por unas horas, de parálisis. Pensar: Te vas de la finca; abandonas la finca, que es lo que está ocurriendo en el campo venezolano, buscando seguridad para tu familia y para ti mismo. Después fue sentarme a escribir, comunicar e interpretar por qué había ocurrido eso, cuál era la circunstancia. Tratar de poner por escrito el entorno alrededor del cual había ocurrido eso.


Ello me obligó a irme más atrás y a tomar en cuenta lo que fue la vida de mis padres y de mis abuelos, de su cultura hacia el proyecto de un país, a largo plazo, que no se cierra con una vida individual, sino que es el producto de varias generaciones dedicadas a criar riqueza y a crear un país: Eso es el campo venezolano. Dándome cuenta de que yo era parte de esa tradición y que mi existencia como productor y dirigente gremial no tenía sentido fuera del esfuerzo transgeneracional. Allí me doy cuenta de que cuando el gobierno habla de soberanía agroalimentaria o independencia agroalimentaria, ella es imposible si no se les garantiza a los productores su seguridad personal. No puede haber producción agropecuaria si no hay productores. Tienen que garantizar seguridad personal y jurídica porque también tienes que luchar con el hampa que se lleva todos los equipos, maquinarias, cables eléctricos, instalaciones de los pozos profundos, cosechas al productor del campo. Es una situación delicada.


¿Negado a cruzar los brazos?
-Totalmente. Presto a trabajar con los gremios ofreciendo soluciones. Por eso hemos ido a todas las invitaciones que nos ha hecho el Gobierno Nacional para diseñar líneas matrices de políticas de seguridad en el campo, pero éstas no se han puesto en práctica.


¿Qué se debe hacer?
-Siempre hemos pensado, y lo hemos dicho a través de los medios, que deben crearse mesas técnicas, comités técnicos de seguridad en cada estado. Aquí en Carabobo, por ejemplo, tenemos que estar los gremios reconocidos por el Ministerio del Poder Popular de Agricultura y Tierras, Fedeagro, la Asociación de Ganaderos, las distintas organizaciones de los productores, con las autoridades de la GN, la Brigada Antisecuestro, la Policía Estadal y el CICPC, y juntos diseñar políticas que nos permitan solventar esto. Nos parece absolutamente incongruente que el Presidente de la República se reúna en Miraflores con los altos jefes de las Farc, responsables del secuestro de muchos venezolanos, y al mismo tiempo se deje al productor venezolano a la intemperie sin ningún tipo de seguridad. Es loable que el Ejecutivo haga estas cosas, pero la claridad empieza por casa.


¿Investigó a fondo el secuestro en Venezuela?
-Venezuela en los años 70' y 80' tuvo 50 secuestros por año, ahora estamos llegando casi a los 300 a partir del año 2002. El libro tiene un apéndice de Marcos Tarre Briceño sobre la evolución histórica del secuestro en Venezuela, que tuvo una primera etapa entre 1958-1976 más bien anecdótica. Fueron en su mayoría, con pocas excepciones, eventos reducidos al ámbito de la propaganda.
Ese período podríamos decir que se cierra con la muerte de Jorge Rodríguez padre, cuando se le acusa y se le tortura por su supuesta participación del secuestro del industrial William Nihaus.


Todo secuestro, quitarle la libertad a un ser humano por cualquier razón que sea, es un delito y un hecho abominable. Pero al mismo tiempo pensamos que la muerte por tortura del padre del actual Vicepresidente fue un hecho igualmente abominable, o peor, porque lo mataron. Sin embargo, en aquel momento, el Fiscal General de la República entró en choque con el Ministro de Relaciones Interiores de la época, porque fijó posición pública del secuestro, y cuando apenas conoció la muerte de Jorge Rodríguez, fundador de la Liga Socialista, obligó a que el Gobierno encarcelara, juzgara y castigara duramente a los culpables de ese asesinato. Eso es un poco la división de los poderes que garantiza y somete el Ejecutivo al imperio de la Ley. Hoy en día, desafortunadamente, no hay equilibrio de poderes, todos subordinados al Presidente, quien dice qué deben hacer la Fiscalía, la Contraloría, la AN, la Defensoría del Pueblo, el CNE y el TSJ.


¿Cuándo deja de ser el secuestro un elemento foráneo al país?
-Hasta el año 1999 el secuestro es un hecho foráneo. Lo practican fuerzas armadas colombianas que llegan a Venezuela por intereses financieros y económicos. A partir del año 2000 el secuestro se vuelve una industria nacional.


¿Qué elementos tiene?
-Tienes guerrilla colombiana, delincuentes venezolanos y ex miembros de seguridad del Estado venezolano.


¿Se denuncian los secuestros?
-La gente tiene mucho temor porque desconfía muchísimo de los organismos de seguridad del Estado, por el miedo a pensar que pudiesen haber cómplices. Es una situación muy dura, muy dramática, que impide que nosotros garanticemos la meta de soberanía alimentaria a la cual tenemos derecho como venezolanos.
Nunca antes como ahora Venezuela ha sido tan dependiente de las importaciones. Venezuela producía hace 25 años un millón de toneladas de naranja. Hoy apenas 350 mil. Una tercera parte.


¿Publicar "Yo, el secuestrable" es un nuevo riesgo?
-Es un riesgo más. Fue confesar y escribir cuál es tu opinión y comunicar, decirles a los lectores de este libro que los valores que defiende el productor del campo son disciplina personal, trabajo, fe y optimismo; y desmontar la idea que ha impulsado la propaganda oficial de que son explotadores, latifundistas, que no tienen compromiso con el país. Es desnudar todo eso y demostrar que la culpa principal de que no se produzcan los alimentos que el país requiere está en las políticas erradas del Estado, fundamentalmente en un desprecio a la seguridad de los productores del campo, que a nosotros nos parece intencional. Es un llamado de alerta.


¿Somos o no una nación?
-Una nación es una sociedad que está cohesionada con un sueño común. Venezuela hoy es una casa dividida, es una familia dividida, enfrentada, en guerra consigo misma, fruto de un discurso que propicia el enfrentamiento y la división. El país no quiere guerra ni golpes (Notitarde, 17/11/2007, Confabulario)

sábado, 10 de noviembre de 2007

Rolando Quero: La abstracción plasma sentimientos


El artista plástico Rolando Quero ha trabajado intensamente durante varios meses en la casa de sus padres en Villa de Cura donde instaló su taller. El resultado de este esfuerzo lo hace sentir orgulloso. La mayor recompensa ha sido ver la cantidad de cuadros, en diferentes formatos, llenos de vida, color, revelando su espíritu y la fuerza de sus trazos.


¿Cómo se siente con sus últimos cuadros y esculturas?
Durante este año me desligué de montar exposiciones y me desconecté del ambiente de galería y todas las actividades culturales. Quería encontrarme conmigo mismo y hacer cosas que hasta ahora tenía en proyectos pero que no había tenido el tiempo de hacerlos.


Uno de ellos es la producción de 60 obras que yo la llamo "Extractos de mi mente", porque son pasajes, recuerdos, atardeceres.


¿En los que se puede apreciar su misticismo?
Sí, la parte mística que todos los artistas tenemos y que para llegar a plasmarla se tiene uno que concentrar, estar solo, aislado, para poder llevar a buen término una obra como la que hice este año, que ha sido muy positivo para mi. Estoy muy contento porque hice un total de 80 obras, plasmando las ideas que se me venían a la mente.


¿Cuánto tarda generalmente con una obra?
Generalmente empiezo a trabajar varias obras a la vez y las voy desarrollando durante cierto tiempo. Quizás dure un mes, una semana o tal vez tres días. A veces he resuelto una obra en un día. Cuando tienes un año trabajando y todo está dentro de tu mente. De allí el nombre que le puse. Extraje de cada lugar de donde estuve, un recuerdo.


¿Cómo resumiría la propuesta artística de estas 80 obras?
Utilizo los colores rojos, amarillos, los tonos tierra que identifican mi obra, la gestualidad y el informalismo que tanto me atrapa. Me gusta resolver la obra rápido... quizás por los estudios y la formación que yo tuve... maestros de arte contemporáneo unos y otros de la formación académica, del dibujo, de cómo tiene que ser un retrato, cómo tienes que solucionar la obra a través de conceptos, composición, equilibrio del color.


¿Aprendizaje que tuvo sin ningún tipo de egoísmo por parte de sus docentes?
Cada día de mi vida agradezco muchísimo el conocimiento que me brindaron los docentes sin egoísmo. Tuvimos la suerte, una muchacha alemana y yo, que éramos los dos únicos extranjeros que estudiábamos, con el grupo de artistas españoles, de recibir la mayor de las generosidades.


¿Su regreso al país, después de 20 años en Europa fue difícil?
Desde que llegué he trabajado muchísimo en Venezuela. Desde que llegué con mis brochas, mis trapos, mis pinceles y mis colores, de Cataluña...


¿Su obra actual cuánto tiene de Venezuela y cuanto de Europa?
Todavía de Europa queda muchísimo. Veinte años allí no son dos días... Lo que yo hice en Cataluña me ha quedado muy marcado. Hay unas obras que tienen los atardeceres en aquellos olivares... tardes gélidas donde se veían los cielos de Salvador Dalí, al entrar por Gerona, desde Francia, por tren. Guardo el informalismo, los estudios de la materia. Todo ello, sin querer, forma parte de mi obra.


¿Por qué en Barcelona es más conocido como escultor que como pintor?
Porque allí compartía la escultura, la pintura con el diseño industrial tridimensional, fundiciones en bronce, resina, plata. Aquí es difícil encontrar buenos fundidores que plasmen la obra que uno hace.


¿Se siente cómodo en la abstracción?
Porque la abstracción te pone a ver lo que tu quieres ver. Te pone a plasmar los sentimientos. Pone al artista, y en mi caso, de una manera gestual, frente a tus sentimientos, tus ideas... No se llega a la abstracción sin conocer un buen dibujo o la buena composición de un paisaje. Es mentira que en las artes todo está inventado.


¿Qué le parece todo ese arte que apenas está naciendo, que se trabaja con computadoras y se digitaliza?
Hay un grupo de artistas emergentes que se está formando en arte conceptual y digital. Me parece muy bien siempre y cuando sepan dibujar y entender lo que es el color, asunto, por demás, bastante complicado. Cuando se trabaja una obra en el plano de la abstracción se tiene que dominar los colores primarios, secundarios, los complementarios. Se logra el equilibrio de la obra a través del color.


¿Cómo siente que están marchando las cosas en materia artística en Venezuela?
Estamos viviendo un momento muy difícil porque no conseguimos el material adecuado. No es posible que aquí no encuentres buenos acrílicos y los aumenten todos los días hasta en un 100 por ciento. Los creadores estamos pasando por dificultades y hacemos "de tripas corazón" para poder trabajar. Somos dobles creadores, en el momento de hacer y para ingeniárnosla para concluir nuestras ideas. No es posible que tengas que viajar a Estados Unidos para conseguir un buen papel. Lo que encuentras en Venezuela está a precios prohibitivos.


El arte tiene que tener acceso a todo público pero si los artistas no podemos ganarnos la vida como cualquier otra persona que trabaja todo se complica. Soy partidario de un informalismo pero con materiales no perecederos. Busco un material que dure y perdure en el tiempo.


¿Por qué pintó una obra cargada de rojo y negro?
Fue un encargo. Sólo me pidieron una pieza con esos dos colores. Fue un reto. "La Búsqueda". Allí está la fuerza del rojo, Ave Fénix. Rojo del alma y del Tíbet. El rojo de mis hermanas, de mi interior.


Rolando Quero (1954, Villa de Cura, estado Aragua) hizo estudios entre 1983-1986 de artes plásticas (talleres de dibujo, pintura, color y escultura) en la Universidad Michel de Montaigne y la Escuela de Bellas Artes en Bordeaux, Francia. Luego, entre 1987-1992, siguió complementando técnicas de escultura, modelado, moldes y dibujos en la Escuela Massana de Barcelona, España. Recibió clases del ceramista y escultor español Joaquín Chavarría.


Ha realizado exposiciones colectivas: "Artistas latinoamericanos" Centro Cultural El Chasqui, Bordeaux, Francia (1984); "Expresiones Plásticas", Mónaco (1996), "Fusión" en el Centro Cultural Cerdanyola, Barcelona (1997), "Iberoamérica, diferentes expresiones artísticas", sala de exposiciones de Copenhague (1997); "Paralelismo histórico 1902-2002" en conmemoración de los 100 años del bloqueo anglo-aleman, en el Museo Salvador Valero, ULA, Trujillo (2002), "17 artistas, un viaje, un camino", Ateneo de Valencia (2003), "Paralelismo", realizada en forma itinerante en Museo Trapiche Los Clavos, Boconó, Galería La Otra Banda, Mérida, Museo del Táchira, la ULA Táchira y Museo Alberto Arvelo, Barinas (2003), "2da. Mega Exposición", homenaje a Jesús Soto, Ateneo de Valencia y Museo Jacobo Borges (2005), "III Salón Pequeño Formato" en Espacio Chroma (2005), "Abstract-Figurative" en la South Art Gallery, Miami, Florida (2006) y El Color y la Materia, José Páez Del Nogal y Rolando Quero" en Espacio Chroma (2006).


De forma individual ha presentado su trabajo la Galería Puzzle, Barcelona, "Recuerdos Valencianos" (1989), en el Centro Cultural de Moncada y Reixa, en Barcelona, "Souvenir de Rolando" (1992), en el recinto ferial Juan Carlos I en Madrid, "Exhibición de Arte y decoración" (1995-1996), "Retrospectiva, de dibujo y escultura", en el Centro cultural Ripollet, Barcelona (1995-1996), Feria Internacional de Diseño industrial Intergrif", recinto ferial Juan Carlos I, Madrid (1995-1999), "Extractos de un paisaje" muestra itinerante por diversos museos, ateneos, museos y salas de exposición venezolanas bajo el auspicio de ULA, UPEL, UC y la Federación de Ateneos de Venezuela (2001-2002), "Reencuentro", Museo Salvador Valero, ULA (2003), "La Materia estetizada", en Espacio Chroma, Valencia (2006), "Visiones tridimensionales, Espacio Chroma (2006) (Notitarde, 10/11/2007, Confabulario).-

sábado, 3 de noviembre de 2007

Juan Calzadilla: No me gusta nada obra de La Cabrera


¿Observó la obra colocada encima del Túnel de La Cabrera? ¿Qué le parece?
Esa obra no me gusta nada. Creo que obedece a una decisión personal de alguien. Eso no está dentro de una política artística clara, coherente. Eso motivó en mi la misma reacción de cuando vi el mural de Zapata en la UCV porque era una obra que no tenía nada que ver con ese espacio. Allí tenía que colocarse una obra abstracta para no distraer la atención de la gente y tuviera conceptualmente materia de espacio.


Con respecto a la obra del túnel, con un movimiento liderado por artistas podrían lograr quitarla. Creo que en esa materia no debería haber prejuicio, sólo ser sinceros. Aceptar las críticas como yo se las hago. Tantas cosas horrendas que se han hecho en Caracas. El mural de Soto en la Torre Capriles. El mural de Cruz Diez en la plaza Venezuela, esa es una obra que yo la quitaría porque no tiene un asidero espacial como para verla en condiciones estables, que uno pueda disfrutar.


Se han cometido barbaridades por todos lados y es bueno que haya una crítica porque el urbanismo no puede tratarse con obras chabacanas como la que está en el Túnel de La Cabrera. En eso hay que ser muy crítico y yo respaldo toda la crítica que se haga y que esté bien fundamentada. No porque suceda una cosa heroica tiene valor, tendría valor si fuera una cosa resuelta, cuyos valores están intrínsecamente insertados en la obra misma.


Juan Calzadilla vino al Ateneo de Valencia a dictar una charla sobre apreciación de obras de arte la semana pasada cuando habló también de la sensibilidad que se requiere para comprender las obras de arte, el llamado sexto sentido que hace apreciarlo, pero también rechazarlo, y entenderlo.


Años atrás fue colaborador de Letra Inversa, suplemento cultural semanal de Notitarde, con una columna de arte y literatura llamada "Fragmentos para un diario descosido" de la cual tuvo que desligarse porque se mudó a otra ciudad.


En Europa hay un movimiento que en estos momentos está analizando el papel de los críticos, sobre todo los de arte... ¿Cuál es el papel del crítico, hoy en día, ante una sociedad tan complicada?
Soy uno de los que le hace critica a la crítica porque pienso que ella ha llegado a un plano excesivamente literario, intelectual. Lo que implica un alto grado de subjetividad. El crítico se ha convertido, y eso viene ya desde hace tiempo, en otro artista, y utiliza la obra de arte para hacer un discurso en el cual se ve a sí mismo y protagoniza. Se hace una crítica completamente alambicada, compleja, llena de ideas y conceptos y generalmente el público queda sin entender.


¿Ha desaparecido aquella definición de los años 20' sobre el arte, que existe uno del público y otro de los artistas?
Esa situación sigue planteada. El público rechazaba el arte de los artistas y estos al público porque hacía algo que la masa se negaba a entender. El público se identificaba con lo que podía reconocer y entender, en la obra. Cuando le daban la abstracción se preguntaba por qué no hay tema, no hay objeto. Abandonaban así las salas de los museos. Eso pasó desde el cubismo hasta los años 30', cuando se impusieron todas las vanguardias. Las vanguardias hegemónicamente se orientaban hacia la abstracción porque se decía que iba a ser el lenguaje del siglo, pero siguió siendo el idioma de una elite, en el sentido de que el público sigue sin entender a los artistas.


¿Se han complicado todavía más las cosas en esa relación?
Sí, porque ya no es el arte donde no es reconocible la representación. El arte no naturalista sino la diversidad del lenguaje aún siendo figurativo, por ejemplo la instalación, el performance, el arte conceptual; el arte de sistemas. Cosas menos entendidas que el arte abstracto. La reacción contra la crítica es una reacción contra lo que escribe. Coherente de lo que se está ocupando pero incoherente con lo que el público quiere que se haga.


Hay una corriente que aboga por la autenticidad, por darle valor a aquellas cosas donde el artista demuestra vocación, trayectoria, convencimiento y que sus obras sean capaces de resistir un análisis. Puede ser una última etapa de lo que se llamo posmodernismo.


¿Qué tipo de critica respalda?
Una critica mas testimonial, más contextual, porque hubo una época en que la crítica se orientó a darle mas importancia al creador que a la obra, lo que en esta época hace falta es que las dos cosas alcancen el mismo nivel. Pero que el crítico se ocupe también de lo que hay alrededor de una obra de arte. El hecho social, la arquitectura, la existencia misma del artista. Se le había dado demasiado poder a la obra en sí.


¿Cómo marcha el arte venezolano en la actualidad?
En estos momentos estamos atravesando como una crisis de los museos, como una especie de necesidad de reacomodo de las políticas que vienen implementándose de los gobiernos pasados. Hasta ahora han tenido una continuidad y ello había llevado al público a ausentarse de los museos, que se quedaron aislados, encerrados en cuatro paredes. De cierto modo no se ha hecho mucho por quebrar eso que corresponda a la democratización de la cultura que se quiere. Cosa que no pasa en la literatura donde se tiene un apoyo muy grande, indiscriminado a la lectura y a la publicación de libros.


¿Se repiten los esquemas en los museos de gobiernos pasados?
Tengo la impresión de que se está repitiendo el sistema que heredamos de los gobiernos anteriores, no se ha marchado mucho hacia una ruptura que le de una solución a la crisis. Pero creo que también es una crisis inherente a la crisis de los lenguajes y a la crisis del arte. Como una solución a corto plazo diría que hay que buscar un nuevo modelo de exposiciones.


¿Para qué sirven las exposiciones hoy en día?
Ellas sirven para confrontar la obra entre los mismos artistas , confrontarla con el público que viene siendo el lector de esas obras y con el arte mismo, su continuidad y evolución.


Necesitamos un tipo de exposición que no sea el heredado concurso, de mostrar las obras y entregar un premio, porque la premiación siempre será una forma discriminatoria y arbitraria, porque está sometida a un jurado que se cree capaz de dar los premios, sin razones profundas para entregárselos a unos u a otros. Hay que crear otro tipo de salón, de exposición, para estimular a los artistas y que no hayan esos fenómenos de la discriminación. Eso podría darse con una redistribución de la obra de los artistas para darles apoyo material. El estado tiene que rescatar el coleccionismo que antes era muy dinámico.


Juan Calzadilla (Altagracia de Orituco, 1931) prolífico poeta, pintor y crítico de arte venezolano. Estudió en la Universidad Central de Venezuela y en el Instituto Pedagógico Nacional. Cofundador del movimiento El techo de la ballena (1961) y de la revista Imagen (l984). Obras publicadas: Dictado por la jauría (1962), Malos modales (1968), Oh smog (1978), Antología paralela (1988), Minimales (1993), Principios de Urbanidad (1997), Corpolario (1998), Diario sin sujeto (1999), Aforemas (2004). Obtuvo en 1997 el Premio Nacional de Artes Plásticas.
Su obra poética, la cual puede ser seguida a través del volumen Antología paralela (1988), tiene una importancia decisiva en la poesía venezolana fue él quien desde sus poemas de finales de la década de 1950, y en especial los publicados a partir de la de 1960, desde Dictado por la Jauría (1962), mostró el rostro terrible de la ciudad. Ese espectro no se halla en sus primeros libros, ya que un texto como Las montañas de uno de sus poemarios iniciales, La torre de los pájaros, todavía dibuja una visión idílica del paisaje. La perspectiva cambió rápidamente al aparecer Dictado por la Jauría. Allí estará siempre el paisaje de la selva urbana, como se lee en el poema Gracias al barniz. Y allí se encuentra a quien escribió estos versos, solitario, enmascarado ser para quien la urbe es laberinto, suciedad; se lee en la Web El poder de la Palabra (http://www.epdlp.com/) (Notitarde, 03/11/2007, Confabulario).-