sábado, 20 de octubre de 2007

Sergio Ramírez: Empiezo por temerme a mí mismo


¿De dónde le nace la necesidad de contar cuentos singulares?
De que los demás se enteren de lo que a mí me parece singular. Una sensación aguda de que los demás se están perdiendo lo que yo veo, y escribiéndole, ellos también lo verán. Una especie de servicio público voluntario.


¿Cómo trasciende la anécdota al momento de narrar?
Es como cuando un ebanista elige una pieza de madera para tallar la cornisa de un mueble. Debe examinar primero sus propiedades; puede ser que sea un pedazo de palo atractivo, pero nada más; y sólo su ojo podrá determinar si trasciende la materia de la madera, para transformarse en pieza literaria.


¿Los comportamientos humanos le producen miedo?
Porque somos impredecibles, y empiezo por temerme a mí mismo. Los seres humanos somos capaces de asumir las actitudes más extravagantes, de pronto, o las más brutales, o las más tiernas. Tenemos de ángeles y demonios a la vez, pero lo malo es cuando en la proporción se excede el demonio.


¿Qué siente de la realidad social latinoamericana?
Su anormalidad desconcertante, la exageración como regla, su infinita capacidad de repetición.


¿De dónde nacen las historias de nuestros países, en su mayoría, con pasados dictatoriales, que buscan repetirse, como la serpiente que se muerde la cola?
En la sustancia rural de nuestra realidad, que sigue allí escondida de manera trapera detrás de los cortinajes urbanos que le hemos querido imponer. El caudillo, por ejemplo, es un personaje del terco mundo rural.


¿Por qué cada vez existen menos cuentistas?
Porque todo el que empieza quiere ser novelista, una ambición natural de trascender la escritura, pero que anula la posibilidad de ejercitarse en el oficio a través de un género que tiene sus propias reglas y grados de dificultad, y que enseña mucho al principiante. Y en esto, también las editoriales son disuasivas, porque no se arriesgan a editar libros de cuentos.


¿Viene a Venezuela con alguna expectativa?
La de ver a mis amigos, encontrarme con los lectores, hablar de literatura.


¿De qué trata su conferencia "La ciudad del sol"?
Del doble oficio que me ha tocado ejercer de manera compartida, el de político en un tramo de mi vida, y el de escritor, al que regresé cuando cerré el capítulo de la política. Una dicotomía que ha sido la de muchos otros escritores.


La presente entrevista es inusual porque fue realizada vía correo electrónico, antes de su llegada a Venezuela y a Valencia donde el escritor Sergio Ramírez se encuentra como invitado de la 8va. Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, oficialmente inaugurada anoche en los espacios del Centro Cultural Eladio Alemán Sucre".


Tres artículos ha dedicado en lo que va de año, en su página Web www.sergioramirez.org a Venezuela, en la sección de artículos, para comentar aspectos políticos que también conciernen al Continente.


"El Caballo Al Revés", en el que analiza el asunto de Tal Cual, "Dime con quien andas" en el que profundiza sobre la relación de los medios con el poder y "Dos perlas de un mismo collar" para referirse tanto a Radio Caracas Televisión como el caso del Diario Monitor, de México.


"Tanto el presidente de Cuba, Fidel Castro, como el de Venezuela, Hugo Chávez, han saludado la victoria sandinista como un triunfo contra el imperialismo, una palabra que sigue estando ausente, al menos en los últimos meses, del vocabulario de Ortega. Y si de observar buena conducta se trata, no le será cómodo aparecer, como muchos piensan que así será, formando parte del eje de combate frontal contra Estados Unidos que ya forman Cuba, Venezuela, y de alguna manera Bolivia.


Las relaciones con Cuba tendrán seguramente un carácter más que nada político, y pocos serán capaces de asustarse por eso, sobre todo hoy que la guerra fría es un asunto lejano. Pero no es lo mismo con la Venezuela de Chávez. Ortega ha sido, por lo menos hasta antes de la campaña electoral, partidario de la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA), inventada por Chávez, que busca abrir un espacio de cooperación económica e intercambio comercial entre los países latinoamericanos, y que él mismo presenta como incompatible con el libre comercio con Estados Unidos.


Ortega deberá hilar muy fino para conciliar el tratado comercial con Estados Unidos, y la probable membresía de Nicaragua en el ALBA. Está de por medio el atractivo confite del petróleo barato, que es lo que Chávez ya ha ofrecido, y comenzó a enviar desde antes para favorecer a Ortega en la campaña. Y será sin duda un huésped frecuente en Managua, incómodo pero necesario.


Aunque muchos no lo quieran, la suerte de Nicaragua está ligada a la de Ortega por los próximos cinco años. Y aún aquellos que no quisieran verlo en la presidencia, le están dando el beneficio de la duda. Que pase de allí a disfrutar el beneficio de la confianza, será un asunto de los hechos" escribió Ramírez hace casi un año, en otro artículo titulado "El Beneficio de la Duda"


Los recursos de hoy en día permiten conocerlo de lejos y saber que dentro de un buen organizado blog, que utiliza como especie de confesionario diario, se puede abordar su obra, tanto narrativa como ensayística, inclusive, los artículos y demás detalles personales de quien, de alguna manera, dio el permiso, sin menoscabar años de esfuerzo académico, de mostrarse ante el mundo.


Con relación a su último libro de cuentos editado, "El reino animal" la escritora Clara Sánchez (Piedras Preciosas, Ultimas noticias del Paraíso, Un millón de luces) dijo: "Creo que estos cuentos de Sergio Ramírez le interesarían mucho a un taxista que un día, mientras cruzábamos la Casa de Campo, comenzó a hablarme de los árboles, de cuánto medían sus raíces y cómo buscaban el agua del subsuelo. Lo contaba de una manera tal que uno se imaginaba a aquellas raíces alargándose en la oscuridad, abriéndose paso con gran esfuerzo en la tierra compacta entre gusanos hambrientos, haciendo en suma, el trabajo sucio para que luego sus ramas nos deslumbrasen con un verdor esplendoroso.


Así que mientras las ramas gozan del aire, el sol y la fama, las pobres raíces viven en el anonimato y la invisibilidad. Algo en completa contradicción con esta sociedad que ha puesto de moda la palabra visibilidad y que justifica cualquier reclamo para serlo. Y en la que cada vez interesa menos echar raíces. Por supuesto, a nadie le apetece ser raíz. Prefiere ser flor, aunque sea por un día".


Las narraciones de Sergio Ramírez son nuevos descubrimientos y como él mismo lo señala en su libro de ensayos El Viejo arte de mentir: "El escritor de ficciones, que es un relator de realidades fingidas o imaginadas, debe atenerse a una regla sagrada que es la de la verosimilitud.


Así nos propongamos contar lo que ocurrió, como lo que no ocurrió, hechos verdaderos o hechos imaginarios, los datos que ofrezcamos para revestir la historia deben ser veraces bajo todo punto, de modo que el lector, al compararlos con su propia experiencia, concluya que son reales.


Es lo que en literatura llamaremos realismo, que es cuando la imaginación surge como una emanación o transformación del material de la realidad".


El discurso de Sergio Ramírez es claro. Dice lo que siente y piensa unido a la elegancia de las ideas. Pensamientos madurados, solapados, con la experiencia que solo otorga la vida, la pasión, la entrega y como todo escritor, sin dejarse penetrar, por los falsos destellos de la realidad circundante.


Pero él lo explica mucho mejor: "La imaginación empieza con el acto de ver sin ser dado tocar. Alguien imaginó primero el origen de las estrellas y pasaron milenios antes de que otro alguien pudiera medir sus distancias. La expansión de la mente hacia un estado gaseoso es la imaginación (Notitarde, 20/11/2007, Confabulario).-

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