El sábado 18 de abril se llenó la Puerta del Sol de Madrid, como si fuese la Noche Vieja de cualquier ultimo dia del año, para la ceremonia de las uvas y de las campanadas.
Asistencia total. De venezolanos.
Desde las doce del mediodía se empezaron a reunir allí para el encuentro con María Corina Machado, dirigente y líder de la oposición, premio Nobel de la Paz, pautado a las seis de la tarde.
Las imágenes televisivas hablaban por sí solas y hasta parecía que había mas gente que el día de Nochevieja. Sobre todo, porque en esa noche hay mucha organización y aquí era un bululú de gente. Con dispersión por las calles Preciados y Montera.
Dicen que la plaza puede reunir unas 15 mil personas. Se contabilizaron unas 11 mil, según escuché.
No asistimos al encuentro (pese a la invitacion de algunos alborotadores) y por television regional vi los últimos minutos del discurso.
La tarima pequeña tenia unas letras que ya reflejaban el espíritu del encuentro: A la venezolana. Es decir, a la algarabía, con musica y tambores. Con alegría, pese a los desmayos, que también hubo. La idiosincrasia criolla, viva mas que nunca, rompedora como es, de protocolos.
En el tablado, vimos a María Corina ataviada con rosarios multicolores. No sabíamos que había fervor religioso en el encuentro, pero fue reflejo de lo sabido: la lucha del pueblo venezolano es espiritual. Sin planificarse, hubo esa suerte de coincidencia, manos alargándose para regalarle cuentas de oración.
El juego visual de las imagenes de TV Madrid, recordó los collares de protección de los Orichas que también son comunes en nuestra tierra. La diferencia estaba en los crucifijos que se veían en la franela blanca que llevaba puesta ella, vestida con sencillez.
Rosarios entregados por muchas mujeres venezolanas que hasta el último momento, ya subida ella al vehículo para marcharse, se los seguían regalando.
A un lado del gentío, me contaron despues asistentes a la multitudinaria reunión, hubo una pareja de venezolanos, arropados por todos sus paisanos, que tenían un gran póster a todo color, en el suelo, con los rostros de Nicolás Maduro y Cilia Flores: 3 meses presos. Allí hubo catarsis.
La visita a España de María Corina Machado ha revelado certezas e incomodidades.
Vimos a una mujer crecida como líder, sensibilizada mas que nunca con el dolor de todos los venezolanos. Se abrazó a gente que no veía desde hacia mucho tiempo, personas que fueron torturadas, que estuvieron presas por nada; periodistas que tuvieron que pagar con cárcel, solo por informar al resto de sus conciudadanos.
Buena mayoría obligada a huir de su propia nación por el antojo febril de quienes aún obstentan el poder, sin siquiera haberlo conquistado, y dejando a su paso, el mayor daño posible.
Vimos en ella la vehemencia de quien ha sufrido encierros y la fuerza de la constante resiliencia. Verdades no complacientes. Eso nos gustó.
Sentí incomodidad al verla con Núñez Feijoo y otros representantes de la derecha española, y Vox.
Las pocas veces que me ha gustado Ayuso es cuando habla de los venezolanos.
Así como nos gusta poco Gabriel Rufián cuando habla de Venezuela y defiende a izquierdistas que han ejecutado indecoroso papel, por el supuesto bien hacia Venezuela.
Siempre que he hablado con simpatizantes de izquierdas que me decían que Maria Corina era de derechas, les decía que no la veía así, sino como defensora de unos valores, que en Venezuela, cayeron en picada por unos regentes, borrachos de poder, enquistados en miseria humana.
Un buen amigo mío me hizo ver la trascendencia de no dividirse entre derecha e izquierdas, cuando lo que se defiende es la libertad y el regreso de una buena democracia, que supere la anterior, porque la que teníamos antes de los chavistas-maduristas, fue el origen de este mal.
Una semana despues de la visita de Maria Corina se pueden deducir muchas cosas. Escuchamos tantas opiniones positivas y negativas, que solo podemos deducir que la neblina, densa y multicolor, unida a la kalima y barro derrtido del desierto del Sahara -que llega a la península iberica-, estuvo a punto de ensuciar todo lo alcanzado.
Al principio quisimos hacer este articulo contrastando todas las opiniones que escuchamos. En el justo momento de ponernos a escribir sentimos que no valía la pena.
No intentamos tampoco convencer a nadie de nada.
Venezuela, despues de lo ocurrido por orden de Trump, poco ha cambiado: sigue la injusticia social. El maquillaje no va surtir ningun efecto real en la población. Siguen personas injustamente presas, siguen encarcelado, sin justificacion a cualquiera que se les antoje; siguen muriendo y siguen sin dar ninguna explicacion al mundo, de por qué ocurre todo esto.
Existen dos Venezuela: de los que no tienen derecho a nada porque ni siquiera las pensiones alcanzan para comprar alimentos; y la dolarizada, de los que por las razones que sean, pueden tener una vida dentro de una nación que lleva mas de veintisiete años convertida en victima de sí misma.
Inmersa en la redención por collares, en la lucha espiritual, esperemos, a punto de desencadenarse.
Observando el todo, de una manera mucho mas sencilla, podemos deducir: los venezolanos lo tenemos más facil de lo que creemos.
Puestos en elecciones honestas, elegir entre asesinos y luchadores por el cambio, todos sabremos por quiénes votar.
