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| Pasta con caraotas y taja' |
Aunque no se lo crean, eso resume a la Venezuela de hoy, todavía sin terminar de sacudir demonios y esperpentos.
Desde la detención del presidente Maduro y la muy cuestionable Amnistía decidimos guardar silencio en bien del acoplo de las energías burlescas, del propio destino venezolano.
Pasta. Plato único que amamos con locura. Cuando a mi madre española, una vecina le enseño a hacer la salsa para acompañar, al mas puro estilo criollo, este alimento descubierto por Marco Polo en su viaje a China; nuestra vida de niños cambió, aunque a mi padre no le entisiasmara tanto, fiel a su sopa de ajos.
Los espaguetis y los venezolanos son casi la misma cosa que las arepas. No falta un plato de pasta en ninguna casa, hasta mezclado con caraotas (alubias negras), aunque eso, algunos, lo interpretan como marginal.
Pasta hasta con un simple queso blanco rallado (llanero todavía mejor), era la satisfacción mas cómoda, barata y elemental de las familias antes de que comenzarán a gobernar hace mas de 25 años los chavistas. Si se le agregaba plátano frito, maduro o pintón; comida completa.
Pero llegó un grupo de venezolanos, nada extraterrestres, que tenían en sus corazones ese sin sentido tan perturbado y perturbador, de que a ellos se les debía algo, porque mientras unos tenían lo que ellos deseaban, no eran felices. Podríamos decir que gobernaron con resentimiento pero eso sería muy superficial. Porque hay que agregar capas sutiles y escandalosas de unos años de muertes, persecución, violencia, caos, hambruna y todo lo que se pueda agregar de este pequeño holocausto caribeño, con un éxodo masivo nada despreciable. Para que vivieran a sus anchas los chavistas y acólitos, debían morirse, callar y marcharse, todos los demás.
El pais con todo y sus riquezas al parecer les quedó pequeño, y entonces como ya se sabían demasiados malos o demasiados canallas para detenerse, se metieron a narcotraficantes, con el aparato del Estado a su favor.
Empezó a gobernar, la otra pasta, que mueve todos los hilos. Compra, vende, asesina. En todo el mundo, en Venezuela, con notorio ensañamiento.
Los condimentos de esa otra pasta son muchos mas variados que los comestibles. Porque nadie en su sano juicio haría unos tortelonis, rellenos de cianuro para envenenar a los suyos. Pero esa infraestructura que es el dinero no perdona a nadie. Todos los superpoderosos se descubren a si mismo ante el Dios Billete.
Pizza. Hasta que no probamos una de las buenas, con los mas simples ingredientes, si acaso dos o tres, y una masa lenta y fermentada, entendemos que nos gusta cualquiera. Los sentidos y el hambre sucumben ante horno y lumbre, calor y aromas, sabores que hacen que el paladar salive.
Los venezolanos, a la cabeza del Caribe, hijos de guerreros, planificadores de oficio, insatisfechos constantes, nos encanta improvisar, inventar y agregar muchos ingredientes a la masa, creyendo que satisfacerá más.
Luego viene el empacho. También las diarreas, aunque visto de un modo mas pragmático, esto último es necesaria limpieza corporal.
La pizza también tiene el goce de ser redonda y sujeta a repartición. Partidos los trozos, todos nos avalanzamos sobre ella a matar el hambre.
En esa pizza que ha sido Venezuela la distribución ha sido asquerosa. Desde siempre. No hemos tenido ningún tipo de respeto. Los de antes y los de ahora, prestos siempre al saqueo. Los apellidos mas rimbombantes, desde los Ford hasta los Rodriguez, hasta los mas comunes, han creído que tienen la capacidad y el derecho a hacer y deshacer frente a todos, y sobre una inmensa mayoría que tiene cuando menos, algo de conciencia.
Se acaba de descubrir por cierto que la conciencia no está en el cerebro. Por lo menos se están visibilizando cosas obvias.
Burritos. Es posible que esa sea la cena de muchos de los presos que se encuentran en cárceles norteamericanas. Una comida muy apetitosa para millones de personas que hasta tuvieron que inventarse una cadena mundial de comida mexicana para extenderlo por el mundo.
También se rellenan. Los hay de sabores muy artificiales y otros mas autóctonos. Recuerdan pasado y tradiciones también.
En el modo supervivencia son un manjar, combinado con flatulencias porque la industrialización, nada bueno ha apuntado hacia la salud y calidad de vida.
Si nos ponemos creativos los burritos, han sido ellos, los gobernantes, todas y cada una de la piezas de la maquinaria chavista-madurista. Ya vendrán los tiempos en que tengamos que darles las gracias, porque la carga de su maldad será la libertad de haber trascendido y abrazar el horizonte real.
El título al artículo lo encontré en la calle, caminando por este entuerto desenroscado, que es Madrid. Es una cadena de comida italiana, mareando el paladar de la humanidad.
Franquicias revestidas de dignidad.
