lunes, 6 de diciembre de 2010

Muzzarelli: Intimidad terrenal


Veintiún cuadros conforman la revelación “Socorro” que estará hasta el 13 de diciembre en la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura de Naguanagua. Son un conjunto de oleos, frescos y dibujos realizados por el artista Aldo Muzzarelli en honor a la Virgen que llena el corazón de todos los carabobeños.

Inaugurada justo el día que se cumplían 100 años de la Coronación Canónica de Nuestra Señora del Socorro, ocurrida un 13 de diciembre de 1910, la muestra produce la sensación de haber entrado en la intimidad terrenal de una santa.

El artista plástico ha dedicado buena parte de su vida a investigar y trabajar la imagen y el rostro de este ser inspirador -fuente de fervor divino- por lo que con bastante soltura puede presentarla con los rostros jóvenes de hoy en día, con caras bonitas de mujeres venezolanas, no tan triste, no tan alegre; pero también en el más clásico retablo de estilo gótico-románico.

La convierte en una mujer pero no olvida el elegante manto, de reveladora fuerza, de esplendor y brillo, de la corona que lleva puesta con dolor, en la búsqueda de la paz y la serenidad no solo propia, sino universal.

El dominio de diversas técnicas está mostrado con bastante claridad. Muzzarelli reinventa a este icono religioso de Valencia del Rey, descubriendo sus diferentes facetas, reencontrándose con la imagen de la mujer, de la madre, de la esposa, de la trabajadora, de la luchadora universal que no tiene por qué estar sometida, ni siquiera, a los designios y limites de un cuadro. Por ello se descubren movimientos, gestos y mucha dinámica emotiva en la elaboración de los trazos.

En muchos de esos lienzos las mujeres que se convierten en la Virgen de El Socorro inspiran y hablan de la libertad que él como hombre espiritual que es, les concede.

El cronista de Valencia, Guillermo Mujica Sevilla, escribió el lunes 8 de noviembre en su columna del diario El Carabobeño, Azules y Brumas, lo siguiente: “Y eso que su historia, hermosa y legendaria, haría la felicidad de cualquier pueblo que ame un poquito su tradición y su vida... Ese gran valenciano, el señor Jesús Marrero Wadskier, nos la cuenta en su libro "Santísima Virgen del Socorro", más o menos así: "Fue milagrosa su venida a ésta, porque habiéndose encargado a los reinos de España una imagen de María, con título del Socorro... una nao de España trajo un cajón rotulado en el que encontraron una imagen de los Dolores, por la del Socorro que habían encargado... Quedó el vecindario con gran júbilo... se condujo (a la Virgen) a esta ciudad, poniéndole su vestido negro, como imagen de Los Dolores, pero el título, desde entonces hasta el día de hoy, es el del "Socorro de Valencia"... Al poco tiempo vino el reclamo del Perú, diciendo que allá se hallaban con una Señora Imagen del Socorro... y que la de los Dolores, que se encontraba en ésta, era la que se había encargado para aquel Reino... Pero se le respondió que aquí estaban contentos con la suerte que les había tocado por disposición divina”.

Pero más allá de esta historia que revela además por qué Nuestra Señora de El Socorro es única, la interpretación que hace de ella, Aldo Muzzarelli, es un reencuentro con las facetas que todos los seres esperan hallar en estos tiempos que corren. No es un trabajo dejado al azar, es la rotulación hacia un alma que busca merecer algo más que el halago nacido de su arte.

El pintor de las mariposas, como se le conoce, al que plagiaron muchos, sin lograr siquiera llegar a la forma con que el supera llevarlas nuevamente al vuelo de ese cielo que se compone en lienzo, vive en Tinaquillo, estado Cojedes, tiene una galería de arte, junto a su esposa, Yelitza Díaz, también artista plástica, con todo el entusiasmo y la dicha de saber que el mundo tiene la fe que llevamos dentro.

Aldo Muzzarelli obtuvo la licenciatura en artes, en la especialidad de cinematografía en la UCV. Ilustrador del Centro Interamericano de Idiomas, trabajó como animador en varias películas producidas por la ULA. Se desempeñó durante varios años como Director de Cultura del estado Cojedes. Fue docente de los talleres de Formación en Artes Plásticas que imparte el CONAC, por diversos estados. Experto en realización de dibujos animados, en el Instituto de Artes de Detroit (DIA); también se capacitó en acuarela clásica, crítica de arte, informalismo en las tendencias del arte; arte, elite y especulación; aproximación al arte de la última década, técnicas plásticas contemporáneas, arte egipcio, africano e islámico, simbología en el arte no figurativo de la última década, aproximación a la pintura norteamericana de finales del siglo XVIII e influencia de la pintura renacentista en los estilos pictóricos posteriores.

En el Instituto Balaam de Barcelona, España, complementó sus conocimientos acerca de Restauración de Pintura sobre Tela y pintura al fresco. Ha participado en varias exposiciones individuales y colectivas dentro y fuera de Venezuela.

No tenemos mas espacio para reseñar lo mucho que ha conquistado este artista al que pueden descubrir en esta sencilla y a la vez imponente muestra (Notitarde, 28/11/2010, Lectura Tangente).-





lunes, 29 de noviembre de 2010

Tricotomía del continuo hallazgo

Casa Portuguesa, imagen de Luz Marina Roja, impresa en forma directa desde la cámara oscura
El pasado jueves 18 de noviembre en los espacios de la galería de la Hermandad Gallega de Valencia se inauguró la exposición Tricotomía de los artistas José Antonio Barrios, Luz Marina Rojas y Rolando Quero, muestra que reúne trabajos de este trío incansable de hacedores que a lo largo del tiempo han definido propuestas investigando y dejando a la imaginación el trabajo del continuo hallazgo al que se deben todos los artistas.

Barrios se cuenta a sí mismo: “Hace más de diez años decidí volcar mi creatividad a favor del medio ambiente. Antes también lo hacia pero de una manera menos directa, tanto, que ni yo me daba cuenta de que esta era mi auténtica preocupación; solo que brotaba de manera natural al plasmar composiciones orgánicas a través de cualquier medio plástico.

Un día viendo un programa de televisión sobre la problemática de las iguanas y otras especies en vías de extinción, fije mi atención en ello, pues estos reportajes me los topaba muy a menudo, en canales ambientalistas, revistas, e incluso la prensa. Fue allí cuando decido transformar mi obra en denuncia en pro de estos animales y del ecosistema en general, utilizando a la iguana como símbolo de esta campaña conservacionista comunicándola a través del arte. Ello me obligó a ser más conceptualista y comenzar desde el reciclaje la construcción de mi obra, utilizando materiales no convencionales.

Mi necesidad de comunicar me hizo salir a las calles a pintar las iguanas acompañadas de la palabra frágil utilizando una plantilla y un espray como vehículo de expresión. De esta manera entro en el mundo del esténcil urbano convirtiéndome en un artista callejero para llegar a más público con el mensaje, pero sin abandonar los salones y galerías manteniendo mi propuesta. El logro de algunos reconocimientos me incentivó a continuar este discurso.

Actualmente sigo con mi tema ambiental, siempre experimentando nuevos materiales y técnicas. Me preocupa la contaminación del ambiente y estoy trabajando en mi nueva obra donde logré una impronta de partículas de polución sobre la tela, de esta manera estoy pintando con smog. Esta técnica se denomina heliografía y la tendencia, Smog Art, me permite mantener el discurso y la denuncia de lo frágil y vulnerable que somos todos los seres vivos y la desidia de la especie humana por permitirnos siniestrar nuestro hábitat”.

En los espacios de la Hermandad Gallega, fiel a su propuesta que ha pasado por las diversas técnicas de pintura, collage, las mismas instalaciones y performances, ofrece una serie de cajas que van mostrando con arte, sutileza y belleza el universo de estos reptiles, capturando denuncias que se enriquecen a los ojos del espectador.

Por su parte, Luz Marina Rojas, esta vez no muestra los cuadros, esculturas ni joyas, a pesar de su amplia experiencia en todos estos campos en los que se ha destacado exitosamente. Ahora reúne un grupo de fotografías impresas sobre tela, directo de la caja oscura de la cámara, lo que deja la novedad de la imagen, en estos tiempos digitalizados.

Se ha dedicado a tomar imágenes de todos los centros culturales del estado Carabobo y allí están plasmados, como fantasmales espacios, que lo revelan todo, sin el éxodo apabullante del tiempo porque son nuestro presente, además.

Victoria Parés escribió del trabajo conceptual de Luz Marina: “…esta básicamente imbricada con su experiencia interior, una espiritualidad muy propia de la búsqueda religiosa, heterogénea y sincrética entre el viejo y el nuevo mundo, las piezas escultóricas nos remiten a un pasado Egipcio, en el cual el ser humano vivía en una búsqueda constante del tercer OJO, desde allí comienza la indagación plástica.

Al observar la obra de Luz Marina Rojas no podemos dejar de percibir la voluptuosidad de una deidad prehispánica, una Venus aborigen aparece revelando su presencia para conducirnos poco a poco en un complicado trasfondo mítico, ella es la que nos induce en ese intrincado mundo interior del taller donde habitan las figuras sensuales que se adueñan del espacio dándonos indicios de un enmarañado simbolismo.

La artista conjura y confronta el mundo mítico pagano con el cristianismo, su obra esta cargada de esa mezcla, sobresale lo genésico, cuando aparece el Ave Fénix es porque remite a lo circular, al retorno, a aquello que es redondo que vuelve a suceder una y otra vez como la creación y así también nos lleva de la mano por la trilogía, los peces, etc. En una amplia carga de cristianismo: trastoca todas las deidades religiosas: el Sol, la Luna y con ello lo masculino y lo femenino, lo que se opone, pero que también se complementa y con ello el fin último la búsqueda de la eternidad y la universalidad”.

De Rolando Quero ya hemos escrito en esta columna y lo que podemos agregar es que en esta Tricotomía vuelve a revelar la fuerza del color, los trazos delirantes y el mundo que continuamente explora y revive, mas aún después de conocer su muestra “Metáforas en blanco” y ser aceptado, junto a un buen numero de artistas carabobeños y nacionales, en el Salón Aragua 2010.

Un trío de artistas que sellan la enorme premisa de saber que en Venezuela lo que sobra es buen arte (Notitarde, 21/11/2010, Lectura Tangente).-  

lunes, 15 de noviembre de 2010

Ramón Belisario: Los artistas buscamos elevar el espíritu

El maestro Ramón Belisario está concentrado en unas cajitas. Son piezas seriadas de arte en las que está contenido San Sebastian, el mártir, observado a través de su maestría y particular forma de dar a conocer el universo plástico de una de las figuras religiosas que más ha despertado la admiración de pintores de todo el mundo y de todas las épocas.

Cerca de 7 mil imágenes han sido censadas por historiadores y coleccionistas de arte sobre San Sebastian, el hombre semidesnudo, la mayoría de las veces atravesado por flechas, acompañado o no de grandes figuras religiosas, mirando al cielo, atado a un árbol, despedazándose, con singular estética.

Pero el San Sebastian de Belisario es diferente. Conjuga el estilo que por más de cuarenta años ha desarrollado. Los colores no se desplazan con la vivacidad con que acostumbra, pero los mantiene celosamente conjugados con las líneas expresivas, y camufla, dentro de la pieza elementos que llaman la atención y plantean preguntas y respuestas en el espectador.

La atmosfera del color es telúrica, fantasmal. Esconde un misterio. Busca una reacción

- ¿Por qué San Sebastian en pleno 2010?

- La temática asumida, religiosamente enmarcada dentro de ese contexto, lo seleccioné porque hay una cosa interesante del mártir, del religioso como tal, y es que si tu la asocias a un parecer de tu entorno, en el caso especifico de la religiosidad, en el tema venezolano-latinoamericano, identifica lo que es el tema social-religioso, enmarcado en la figura humana, sobre el sufrimiento, como angustia, de los padecimientos del ser humano; del hombre como tema principal.

- ¿Sufrimiento hermoso, padecimiento gozoso?

Fue un excelentísimo tema abordado por los artistas europeos, pintado con exhuberancia, un cuerpo desnudo que denota una singular belleza, llevada al extremo, donde se exaltan visualmente la belleza espiritual, llevada a su expresión máxima.

Ese cuerpo desnudo blanco lo denominaría algo ignoto, puro, celestial, religioso-espiritual, pero estas imágenes están asociadas también con la peste…El cuerpo de San Sebastian no fue beatificado porque fue lanzado a las aguas negras. Está registrado que tuvo un sueño donde le pidió a Santa Lucia que le buscara su cuerpo.

Los artistas del 1400 llegaron hasta la exageración de cubrirse los ojos y taparse la nariz para poder imaginarse a San Sebastian.

Si no es tan pura desde el punto de vista analítico-religioso la connotación de este mártir… ¿Qué querían y quieren alcanzar los artistas que lo representan?

Elevar su espíritu.

¿Por qué agrega elementos axiomáticos como un conejo, un pájaro?

Agregan ironía. El conejo representa la nobleza y la viveza también. Alrededor de este cuerpo trabajo con elementos iconográficos que identifican esta imagen en este tiempo moderno. Porque si existen mas de 7 mil imágenes en torno a este santo, hablamos de casi un agotamiento de su figura. Expresarlo con la misma idea no tiene sentido. Tomo el cuerpo, los deshago, hago un gesto con una pincelada, lo transformo. Es romper con la idea clásica: el cuerpo perfecto que se presta para adorarlo. Siento que hay que descuartizarlo en la forma de expresión.

¿Por qué aparece Lady D en una de las imágenes seriadas de San Sebastian?

Incorporo un recurso técnico del collage... Aparece Lady D, sufrida, dentro del mismo planteamiento. Todos somos un San Sebastian dentro del martirio del ser humano. Lady D fue una mártir. Una San Sebastiana.

Es para que el espectador indague… deduzca… piense… vaya más allá de la lectura visual.

¿Cuánto queda del artista que en el año 1975 ganó el premio Andrés Pérez Mujica del Salón Michelena?

Sigo siendo figurativo. Retomo figuras clásicas, pero no llevándola al lienzo como tal, sino deformando algunas imágenes. Cuando gané el Pérez Mujica lo que hice fue retomar lo clásico con una iconografía moderna, con un dentífrico. Lo que traté de registrar en la composición fue que la mujer no fuera utilizada como objeto de consumo.

Sigo trabajando figuras clásicas de cualquier pintor flamenco, alemán, holandés pero buscando una significación.

¿Cómo llegar al dominio y a un estilo propio?

Un artista que no lee no se intelectualiza. Un artista que no se documente, no investigue, no puede hacerse un buen exponente de su arte. Los jóvenes no pueden ni deben conformarse solo con las herramientas de trabajo que se le enseñan en las escuelas.

La investigación nutrió toda mi inquietud para poder desarrollar mi obra. Un artista tiene que defender la obra con un basamento filosófico, tanto teórico como practico, sino existe eso el artista es vapuleado…

El dibujo sigue siendo fundamental una presencia en la obra mía. Un rasgo, una línea, un esbozo, una tendencia de expresión… es fundamental dentro de cada obra… Así uses tecnologías e instalaciones, la formación exige el dibujo como academia. El dibujo está presente así existan los medios tecnológicos… porque siempre tiene contar con la sapiencia y la acertada decisión del artista…

Belisario participó quince veces antes de ganar el importante premio del Michelena. Cuando lo obtuvo ya era docente. Para él sigue siendo más importante haber ganado el segundo que el primer premio como tal. Ha sido y es maestro de generaciones enteras de artistas venezolanos tanto y desde la Universidad de Carabobo como de la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena.

Premios, reconocimientos, exposiciones nacionales e internacionales llenan un amplio curriculum que el muestra con sencillez y ecuanimidad.



domingo, 7 de noviembre de 2010

La representación interior


Octavio Herrera, nacido en Campo Carabobo, residenciado desde hace 34 años en Francia, viene anualmente a Venezuela para presentar los últimos trabajos realizados en el año. Pero esta vez no viene solo, lo acompañan otros artistas del movimiento Art Construit Internacional (ACI), como Ania Borzobohaty, Saverio Cecere y Nicole Guyhart.

Además traen obras de otros exponentes del grupo como Claude Bourguignon, William Barbosa, Omar Carreño, Isabelle de Gouyon, Ángel Hernández, Dominique Hieaux, Hernán Jara, Enea Mancino, Renato Milo, Françoise Pierzou, Inés Silva, Muneki Suzuki y Wolfang Ulbrich.

Invitan siempre a otros artistas del arte constructivista y geométrico de todos los lugares al que van, por lo que, por Carabobo, estarán Jorge Zerep, Rafael Martínez y Jorge Veliz, quienes también podrán mostrar sus últimas obras realizadas.

De su arte, equilibrado, con líneas domesticadas, fondos, luces, transparencias y formas que van encontrando su propio método de sensibilidad, el propio maestro Herrera expresa: “Soy uno de los pocos artistas que se arriesga a utilizar formar diagonales y circulares dentro de la geometría. Pocos lo hacen. Trato de que ese dialogo exista entre esas formas. El color, al que amo profundamente, contribuye a ello. El color es natural, existe en nuestra vida. Llega más a la percepción de quien la esta observando porque le agrega vida.

Pero es verdad que trabajo por etapas. Son ideas internas. Hago dibujos. Hago un proyecto, la obra pequeña, hago estudios de color y luego la hago en grande. Si el formato en pequeño es suficiente para la pieza la dejo así, no la fuerzo a ser grande. Los espacios además son limitados. Después viene la confección.

El color en si nace de manera espontanea. No esta estudiado desde un principio. El color lo da la composición. Es algo mental. La decisión es interna.

Utilizo las matemáticas y la imaginación. El color se percibe con los ojos y en el corazón. Si bien sin lo matemático no existiría el universo, sin la percepción el artista nada puede alcanzar”, dijo en una conversación reciente realizada antes de su llegada a Venezuela.
Sus obras cobran vida en cualquier espacio que permanezcan pero sus pinturas coquetean con una tridimensionalidad que alcanza por la experiencia, el estudio, el continuo reto que alimenta para obtener más y más de sí. Y gusta exponer antes de vender:

“Cada obra que uno hace es un esfuerzo intelectual, de formación, de preparación; que toma su tiempo. La intención es que el máximo de personas puedan apreciarlas antes que una persona la adquiera y la ponga en su casa donde se reducirá la capacidad de gente que la pueda ver. Para mi es un principio personal. Siempre me ha gustado que se muestren antes de ponerlas a la venta”.

Ania Borzobohaty

Por su parte, esta joven artista, de profesión comunicadora, nacida en Polonia, con amor infinito hacia España, donde estudió bellas artes y a los latinoamericanos, presenta unas piezas nacidas en su taller, tras uns búsqueda del movimiento y los colores puros que ella va enfrentando en sus piezas.

“Como trabajo más la forma y el volumen quiero que cuando la gente vea una pieza, bien sea relieve o escultura, no sufra ningún cansancio óptico, y de esta forma pueda apreciar todas las partes que la conforman.

Bajo este precepto, coloco colores que “choquen” el uno con el otro, que generen contraste, para que rápidamente pueda desnudarse muy fácilmente la pieza, que se ve y se sienta cómo está compuesta”, dijo en una reciente entrevista, unos días antes de llegar a Caracas.

En una visita, años atrás a nuestro país, le enamoró la idea del maestro Omar Carreño (creador del movimiento expansionista) de hacer piezas, que los espectadores puedan tocar e inclusive entenderlas, llevando las manos y otros sentidos hacia ellas.

Al respecto dijo: “Me gusta la idea del intercambio con el espectador, de que alguien pueda tocar una pieza. Eso fue revolucionario en su momento pero a mi me gusta el concepto de ir desarrollando esa participación con la gente, de un modo más actual, por lo que estoy trabajando con nuevas pinturas que reaccionan al calor que emanan los seres humanos, y se transforman, cambian de color”.

Vale resaltar en esfuerzo y el trabajo continuo del Grupo ACI que se reúne en cualquier parte del mundo, pero principalmente en París, donde muchos de sus miembros viven, para dar forma e interactuar sobre este trabajo personal que se realiza a solas, pero que necesita del apoyo colectivo y solidario, permanente. De la energía proyectada, de una logística y una pasión que van más allá de los limites de las fronteras.

Todo un lujo poder ver a este grupo en Valencia. En Espacio Galería Chroma.
Del 7 de noviembre al 15 de diciembre de 2010 (Notitarde, 07/11/2010, Lectura Tangente).-

Foto cortesía de Agnes Herrera Chretien



lunes, 25 de octubre de 2010

Blanco, en profundidad


El jueves 14 de este mes de octubre en los espacios de la galería del Instituto Docente de Urología de La Viña el artista Rolando Quero dio a conocer su último trabajo en el que muestra una vez más su talento, abandonando el color.


La plasticidad de su expresión ahora es blanca. Sus texturas van definiendo grosores e imágenes abstractas que permiten al espectador descubrir el universo menos experimentado por Quero, quien por muchos años trabajó con fondos de nuestro petróleo que se abrían para armonizar una gama sin fin de luces, contrastes y fuerzas eclosionadas tanto de las destrezas como de las misma evolución del ritmo perseverante de su obra.


Su blanco no muestra timidez alguna. De hecho, dentro de sí, se esconde algo no manifiesto. Cubre toda la superficie pero la ebullición de los trazos, junto a los relieves, los grumos, los círculos y las formas de composición del lienzo ofrecen una nueva lectura.

El blanco de Rolando Quero sangra desde su profundidad. Es un blanco sutilmente transgresor que revela inquietud de alma y espíritu, en algunas de sus piezas.


Hay otras, más sutiles, llenas de gracia, que van creando efectos en el espacio, ofreciendo dimensiones que salen a jugar, a romper esquemas e inclusive intentan generar el efecto de salir de sus propias dimensiones hacia fuera. Círculos y fuerzas mimetizadas con su origen que desean expresarse en la dimensión real, muerden la verticalidad para anunciar su protagonismo y esencia.


Quero viene de haber realizado este año “Sueños de Jungla”, de gran colorido manifiesto, para celebrar los 50 años de la creación de Brasilia, una ciudad armoniosa y vital, en la que dio a conocer todo su potencial en el “Templo de Buena Voluntad”.


Después de ver verdes, azules, anaranjados y amarillos cruzando el río de la vida que construyó el artista para definir esa selva cargada de sonoridades y misterios, este blanco es la nueva iluminación dentro de su constante búsqueda, infinita en la creación.


En el catalogo de la muestra explica este incansable artista plástico: “A principios de los 80’, en Bordeaux, Francia, para mi se abrió un abanico inmenso en el mundo que siempre soné de las artes plásticas. Una ventana, por donde, de repente, una luz con paleta de arcoiris me hizo comprender lo que era el color, el dibujo, la escultura. Eran otros conceptos los que yo arrastraba de mi Venezuela natal, de donde llegaba, con pocos estudios sobre el arte.


Armando Reverón, Arturo Michelena, Cristóbal Rojas, entre otros grandes pintores clásicos, fueron mis grandes guías del conocimiento, formando parte de mi bagaje cultural, mientras arribaba a un nuevo país, cuna de los mas grandes movimientos artísticos de los últimos tiempos.


Esos primeros estudios de arte me conducirían a ese largo y arduo camino que me esperaba, un camino lleno de luz, ilusiones y nuevas perspectivas en ese mundo lleno de retos y metas.

Nunca he olvidado aquella mujer de unos 50 años, mi primer modelo desnuda, con sonrisa de complicidad, rodeada de todos nosotros, aprendices jóvenes que nos ponían a prueba para asegurar nuestra estancia en aquel edificio del siglo XIX que es la Escuela de Bellas Artes de Bordeaux.


Emociones y nerviosismo nos acompañaban y yo el único extranjero del grupo.


Seria el comienzo de tres años de aprendizajes; no eran los conceptos conocidos de dibujo, color, de materiales que había realizado en San Juan de los Morros o en Trujillo. Era otra realidad, diferentes materiales, técnicas que jamás pasaron por mi mente en mi adolescencia. Cada día estaba lleno de nuevas emociones, nuevos encuentros con mi meta: el arte.


Y así transcurrían los días, entre vivencias, retos y profesores. Anécdotas ilusorias que nunca faltaron.


Entre otras propuestas que solían hacernos nuestros maestros estaba buscar, entre las basuras, objetos con el fin de intervenirlos y transformarlos en obras. Hago este preámbulo remontándome a lo que fueron mis primeros estudios de artes plásticas y bellas artes en Francia para conocer de donde viene mi propuesta sobre el blanco.


Surgió, precisamente, de estas investigaciones que hacíamos con todos aquellos desperdicios que solíamos buscar”.


Toda búsqueda artística jamás acaba. Es un reto, un crecimiento, una flor que se expande día a día; una constante transformación de energía. Peticiones y respuestas diarias del universo. A nivel humano también se puede decir que la personalidad de Rolando Quero lo ha convertido en una especie de promotor de las obras de muchos otros artistas porque su generosidad así lo puede abarcar, por lo que goza del respeto y el reconocimiento natural de todos los que trabajan en este oficio, difícil por demás.

Foto cortesía de José Antonio Rosales

domingo, 24 de octubre de 2010

Piña colada



“Por el amor que me tuviste… te escucho”. Mordía un trozo de piña y me dije a mi misma que ese comienzo, “como letra de bolero cursi…”; era frase “hueca cuando pasa la emoción”; pensé mas tarde, mientras la fruta hacía que la génesis de la idea se fuera por el mito del baúl de los recuerdos que tampoco existe porque para nada hay que guardar un cofre mohoso de papeles y de las pocas sustancias que van dejando las vivencias cuando no han sido tal.

Pero prometí escuchar y así lo hice. Adelante.

Después de atender con todos mis sentidos, comienzos emocionales difíciles y antipáticos atrapé el discurso, por llamarlo de alguna manera y para que se entienda. Fue más o menos así: “Alrededor de quince años han pasado y aún no te olvido. No hay día que haya amanecido que no te haya recordado, que te haya pensado, que haya visto algo que de alguna manera u otra me haya llevado a ti. No te estoy diciendo esto para que nos veamos o comencemos lo que no ha podido ser… no lo será y lo sé… son estas extrañas formas que tengo de vivir las que me han enmarañado todos los ciclos de mi vida… te vi hoy y me dije que te lo tenía que decir porque al compartirlo quizás me libero de esta maraca de sentimiento que bambolea. Si soy totalmente sincero la verdad es que no deseo volver contigo, ni que regreses a mi vida porque además no funcionaría… te veo demasiado cambiada… sé que lo que estoy diciendo tampoco lo compartes porque la verdad es que es raro… todo este tiempo no te he buscado, ni te he escrito, ni te he llamado ni nada… Te convertiste en una enemiga hasta de mi mismo recuerdo y de mi misma emoción, sin saber nada de nada… no me digas que podemos seguir siendo amigos y vernos porque tampoco deseo eso… es esa cosa extraña que nos pasa a los hombres y que ni siquiera yo me puedo explicar..”.

Menos mal que comía otro trozo de piña y mi boca era la frescura hecha vida porque estaba escuchando a la muerte. ¡Qué cosa tan triste! Si eso era una nueva declaración de amor pues debía salir corriendo, cosa que hice.

¡Ya me había acabado la piña, además!

Me conecté a mis oídos la música escogida tras un mes de selección y me perdí en la jungla de otras voces que me desconectaran de lo recién vivido. ¡Quince años pegados a algo inexistente! Francamente, la vida es más valiosa que todo eso. Pero me dije a mi misma que me desconectaría y así lo hice.

Pero la canción que se me puso en la mente y oídos fue “Desafinado” y la verdad es que nada es casual en la vida. La voz de Elis Regina me fue guiando en el suceso con cierta gracia y seducción.

Después vino “La Ciudad de la Furia” de cuando Soda Stereo hizo un unplugged. La letra no quería que coincidiera y por lo tanto decidí que entre las piernas de ningún pasado se debe vivir.

A conciencia adelanté para escuchar a Armstrong, quien me levanta el ánimo con la más absoluta belleza.

Entre su voz entendí lo que había sucedido. Algo dejó de vivirse porque tenía que ser así, no más, no filosofemos, ni vayamos a encontrar un chorro de oro, en el medio de los océanos. ¡Benditas emociones desconocidas!

Pero ya era tiempo de conocerse, también me dije para mis adentros, de no perseguir los viejos fantasmas y mucho menos de contarlos tras no superarlos. Es ese ejercicio molesto que siempre consigue nada más que desazón.

Entonces por allí vino el son cubano de El Cuarto de Tula, ese que cogió candela, y se me alegró un poco más el corazón.

A la sazón me enrumbé por Tribalistas y todo su set que comenzaba por “Ja sei namorar” (una canción que me llena de renovadas fuerzas amorosas) y realmente sentí que no sé si por olvidadiza o vivencial, por humana o demente, por distraída o lunática, lo cierto es que yo no podría haber tenido tanto tiempo reservados unos sentimientos y una pasión.

Me detuve en uno de los kioscos donde venden cocada y dentro de mí se produjo una piña colada, me dije para mis adentros, la misma que él debió tener durante tantos años pero en su mente.

Estuve tentada de llamarlo. Pero me acordé de aquel consejo católico y deshice la idea.

Cuando le conté lo sucedido a una amiga su “Pobrecito” me hizo también entender que esa palabra disminuye tanto que debería usarse con mucha mas cautela. La misma que tuve en contestarle a ella, que todo lo ve como como telenovela.

jueves, 26 de agosto de 2010

Camino al cementerio

Llegamos. Después de una “cola” de carros porque justo ese día se realizó una vuelta ciclística y cerraron la vía principal, tras dos horas y media, con chaparrón incluido, arribamos al cementerio, que para fortuna de todos los sepultados y sus deudos, estaba limpio, bien resguardado, sereno, con la sombra de muchos ficus que crecieron con grandeza, sin la energía que generalmente tienen los camposantos.

Como está arriba de una loma y frente al mar, que se siente lejano y cercano a la vez, con una vista magnifica al cielo y a esa masa azul, ese día gris claro, el grupo sintió que había valido la pena el traslado a ese lugar.

Colocaron las flores, rezaron, pidieron. Estuvieron un rato en la serenidad del momento, aún cargado de emociones, algunos sin recordar nada del entierro de hacía años, pues las cosas cambian, los árboles crecen y sus sombras, aportan la frescura necesaria y no la resequedad que generalmente pulula en el recuerdo.

Antes de llegar allí pasaron muchas cosas. Retraso. Un desayuno tardío. Un conato de choque y los huecos que hubo que esquivar a lo largo y ancho de toda la trayectoria, larga, con millares de signos imposibles de explicar en la razón.

Justo para llegar al cementerio porque una de las vías está truncada ya que las lluvias se comieron un pedazo de carretera -hambrientas debían estar esas aguas- había que desviarse y cruzar por un barrio llamado “Angostico” y la verdad es que lo es.

Preguntando a lo largo del camino si por allí era la vía correcta, porque la cosa de ponía por momentos estrecha, llegamos frente a una casa donde un hombre preparaba una mezcla de cemento.

- Hola, ¿cómo está? ¿Es esta la vía para el cementerio?

- Sí, sigan derecho…

Y cuando dijo esto el carro dijo “Ya no mas”, se apagó y no quiso arrancar. Ya tenía más de siete horas de trayecto, con el tráfico lento incluido, y se merecía un descanso en el que nadie pensó.

Hubo que colocarlo a un lado para que pudieran pasar otros vehículos de la zona y los otros coches que ya se devolvían de igual destino. Había que esperar que se enfriara y se le echara su dosis de necesaria agua.

- Ustedes tienen suerte… en haberse detenido justo aquí. Yo trabajo en el cementerio y este lugar no está muy santo que se diga… bueno... como en todas partes… pero aquí las cosas no están buenas.

Miró hacia la casa donde estaba asomado un hombre y le hizo unas señas para que llegara hacia donde estábamos.

- Cuñao, parece que se les recalentó el carro…

- Caramba, señoritas, yo no soy así… a mi me gusta vestirme muy elegante, que todos me vean bien, lo que pasa es que estoy ayudando a mi cuñao a hacer unas escaleras para que pueda subir por el cerro, se me volvió flojo… o viejo… no sé, dijo Cheo, un hombre delgado, bien conservado, de ademanes rápidos y envolventes, vestido con un pantalón kaki y una chemise, manchadas de tierra

- No me saque la edad que yo aún no me he metido con usted, le dijo Antonio, un poco más bajito, algo gordito, con un bigote sonreidor.

- ¿Y no les has ofrecido agua a las señoritas? Trae unas sillas. Ustedes tienen suerte de habernos encontrado. Abra el capó para ver… A ese carro debió de darle sed. ¿Desde cuando están rodando sin detenerse en bomba alguna?

El agua estaba fresca y Cheo, gran conversador, resultó que era cantante. Iba a hacer un show en horas de la noche pero el trabajo en la casa lo estaba reteniendo más del tiempo deseado.

- ¿Y en que lugar canta usted?

- Yo canto en dos. En “La Zorra” y el “23 de Enero”.

Con el cuñao enfrente empezó a enamorar a una de las “muchachas” que no lo era tanto, pero que a sus ojos como que así la veía.

- No te puedes quejar le dijo una de las compañeras de viaje, bajito.

- ¿Por qué?

- Porque desde este barrio se ve el mar, tu sueño… una casa frente al mar…

Las mujeres se rieron a gusto mientras el calor y el sol inclemente, después del aguacero, daba todos sus toques de furia.

En eso pasaron tres hombres, dos jóvenes, que estaban caminando como las culebras, dando traspiés y semilunas, solo que no tenían los sentidos tan bien puestos como las víboras.

Los saludaron. Los cuñaos miraron a las mujeres y les dijeron que no se preocuparan que como estaban con ellos nada les pasaría. De hecho cuando regresaron cargados con una botellita, les regalaron unos chicles a ellas que no daban crédito a lo sucedido.

Seco estaba el automóvil. Encendió apenas un toque después de descansar y ser refrescado. No dio señales de recalentamiento. Otro milagro más de ese día.

Antes de despedirse Cheo quería tener un recuerdo de la mujer que le gustó. Entre sonrisas y gestos corteses se despidieron de esos dos caballeros de otro mundo que se encontraron en “Angostico”.

- Y entonces cuñao, ¿qué le digo a mi hermana?

Todos rieron. La ida al cementerio tuvo protección y encanto a la vez.

domingo, 18 de julio de 2010

Alejandro

“Ale ale ale ale ale ale Alejandro” escuchaba una y otra vez mientras me nebulizaban y el odioso aparato sacaba el vapor junto a la sensación seca y mojada, a la vez, que se adueñaba de mi boca y garganta.

El frío no me dejaba dormir y mucho menos cerrar los ojos porque además la luz parecía un rayo directo de luna.

A mi lado pinchaban a alguien, las enfermeras se movían con sospechosa diligencia y un niño lloraba. El cuadro deseado para mejorar la salud.

Una familia rodeaba una cama donde estaba una mujer mayor acostada. Eran como cinco alrededor de la matrona que parecía encontrarse mejor que todos ellos.

No me quitaba los ojos de encima.

Mientras trataba de entretenerme con algo que me hiciera olvidar el ruido, cosa inútil por demás, la Gaga seguía repitiendo lo que para ella seguramente fue un exótico sonido y desde mi para nada complaciente óptica, una rutina de la estupidez. Y aunque no hay que insultar los gustos ajenos a mí esa nebulación me parecía "gageante".

La enfermera además se me acercó a la cara para corroborar el ruidosos aparatito cantando y contoneándose como la Lady.

Tenía ganas de salir corriendo cuando la observé además absorta mirando la tele.

Por poco tiempo.

La amiga que me acompañaba, comenzó a gritar.

Yo pensé que al televisor se le había subido el volumen vertiginosamente y era la Gaga pero no, me di cuenta, dentro de mi desconcierto y el vapor blanco que trataba de inhalar, en vano, que era Lupita, como le llamamos cariñosamente, porque su verdadero nombre es Carmen Alexia. Pero la historia de por qué le llamamos así es demasiado larga y con algunos signos de truculencia femenina.

Después estaba la enfermera gritándole para mandarla a callar y se formó una especie de histeria colectiva para el asombro de todos los que allí estábamos.

Me quedé viendo a Lupita y vi que además estaba aterrada. Empezó a temblar y me empezó a agarrar el brazo izquierdo como los niños cuando se pegan a su mamá porque están presos de pánico.

Miraba hacia un rincón y yo ahí lo único que veía era un viejo aparato para medir la tensión.

Me quité la mascarilla y le pregunté ¿Qué pasa? ¿Qué te sucede? ¿Estás loca? Fue la tercera interrogación inquisitiva.

No pude escuchar lo que decía porque me agarró un ataque de tos.

Enrojecida y con mil agujas pinchándome el cuello, vi que la enfermera se dirigía a ella con el aire de un verdugo ciego.

“Epa, epa, cálmese… Lupita, ¿qué te pasa?”

- Allí hay un muerto… ¿no lo ves?

Agudicé mi mirada, limpié mis lentes, cerré primero el ojo izquierdo, después el derecho y nada

Mientras tanto, la enfermera movía una pierna al lado mío tratando de colocarme de nuevo la mascarilla de nebulización y mirando a Lupita como quien ve una torta derretida…

Cuando se alejó volví a preguntar… Todavía estaba aterrada.

- Allí hay un muerto. Horrible. Nos mira… Vámonos de aquí, me dijo.

- Bueno, tiene que terminarse el líquido y… vete tú, sal afuera…

-¿Y dejarte aquí con eso?

- Mas respeto señorita, escuchamos la voz de uno de los pacientes acostados, un hombre cincuentón, que parecía estar aún en los brazos de Baco.

Lupita se volteó y se quedó mirándolo como si fuera un loco y cuando iba a preguntarle él mismo y por su propia cuenta dijo: “Ese hombre se murió aquí y está desde entonces buscando como salir o como ir hacia la luz”…

- ¡Todo un experto!, se burló Lupita. ¡Qué luz ni qué luz! Es una sombra. Si usted lo puede ver como yo no puede ser tan blandengue.

Yo intentaba afinar mis sentidos. Reduje mis ojos como si fueran asiáticos. Nada. Pero me comenzó un temblor frío a recorrer los huesos. Y si bien era cierto que la sala parecía una nevera y quería marcharme de ahí cuanto antes, no reconocía muy bien mi propio calor interno.

El cincuentón y Lupita empezaron a retarse…

- Y mientras ustedes se pelean… ¿Qué hace el supuesto muerto?, inquirí.

- Se ríe, me respondió, sin pensarlo, Lupita.

- ¡Vámonos!, le dije, mientras soltaba aparato, mascarilla y gas por la boca…

“Ale ale ale ale ale ale Alejandro” repetía en mi mente al abandonar el lugar mientras Lupita me seguía, rezando y repitiendo unas groserías que no estuve muy segura si eran “contras” (Notitarde, 18/07/2010, Lectura Tangente).-

martes, 29 de junio de 2010

Versiones

Mientras ellos estaban haciendo música para expresar todo lo que había en su espíritu, eran perseguidos por las fans, ansiosas y desesperadas, que gritaban, buscaban tocarlos, conquistar sus ya muy exigidos corazones y en el mejor de los casos tener, con mucha, muchísima suerte, un beso lanzado desde el escenario, sin querer ahondar en la especulación que pueden brindar el éxito desbordado de unos artistas como The Beatles, recorriendo países, yendo de un lugar a otro, guiados por productores y el fenómeno del marketing que dio sus muy certeros batazos a la forma como se conduciría un mercado, complejo y contaminado, como todos los que se han creado.

Pero allí siempre están los que creen y que necesitan enriquecer su alma. Y la música es una maravillosa fuerza de expresión que contribuye a mirar el lado blanco de la naturaleza. Muchos han intentado otras cosas con ella, pero los reducidos objetivos conquistados también señalan que han fracasado.

El puerto frío y gris de Liverpool fue la puerta por donde lanzaron toda la creatividad y fueron realmente bien recibidos en el resto de los mares del mundo que se hicieron eco de su ritmo, rebeldía y la forma novedosa, osada con que se manifestaron en un mundo necesitado de lo único contra lo que no puede luchar: su afán por encontrar algo más digno, más puro, mas merecedor de esta fuerza de vida que a veces parece vana, mitigada por la cotidianeidad que no sabemos como maniobrar.

Mi hermano mayor, Oscar, era adolescente cuando le llegó a sus manos el primer 45 RPM de The Beatles. Jamás pude olvidar esa música que se ralló en todos mis sentidos. Mucho menor que él no entendía nada y lo más que podía hacer era jugar, correr, mecerme en el columpio y conversar con todo lo que encontraba a mi alrededor, para darle fuerza a la magia que cobraba vida por todos los rincones de la casa, también muy cercana al mar. Al ritmo de Hey Jude.

Después de allí fue comprando todos los discos y muy pronto se hizo un experto no solo en el tema de estos cuatro músicos sino de todos lo que fueron saliendo, cargados de sus mismos deseos de libertad, cambios, esperanza y los garabatos del amor que estaban haciendo todas sus señales en esa época confusa que todavía era su pubertad.

Ahora son muchos los jóvenes músicos que están haciendo versiones de canciones no solo de los Beatles, The Rolling Stone o la misma Cindy Lauper. Son adaptaciones que buscan recordar la huella, con el mismo mensaje, con la novedad de las voces, las técnicas de los estudios de grabación.

Siempre escogen las canciones que mas gozaron del respaldo popular, acompañadas, en su buena mayoría de veces por la calidad comercial que está dentro de ellas.

Lo cierto es que su mensaje sigue intacto como continua todo lo que hacen algunos hombres y mujeres que tienen el toque de la inspiración y la gracia del amor, no tan común, en esta perfección de planeta que gira y gira, con la independencia de nuestros actos, a Dios, gracias.
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miércoles, 23 de junio de 2010

Nueva intimidad

Al pulpo del Mundial 2010

“Me encantan los hombres cobardes”, dijo Mirella, así de lo más fresca delante del grupo de amigas.

Zulma se la quedó mirando, sin dar crédito a lo que había escuchado. Se lo imaginó, al hombre, haciéndose pasar por un "musiú" en las peores situaciones, evadiendo responsabilidades y todo tipo de cosas. Pero el asunto no era el hombre espantadizo o valiente que uno se encontrara en la vida. El asunto era la mujer, su autoestima, su valoración dentro del mundo, amplio o angosto, que tuviera a su alrededor.

Pero lo más insólito es que lo dijo refiriéndose a Jesús T., un hombre al que ella le reconocía muchas virtudes, nunca la cobardía, que a decir de muchos, por lo menos te hace sobrevivir en situaciones extremas. Pero si te hace existir habría que dimensionar el término cobardía, siempre se decía para sus adentros.

Toda la “cháchara” se debía a que muchas de las mujeres y hombres que habían tenido encuentros carnales entre si, cuando estaban con otras parejas, se hacían los “locos”, o se convertían en los enemigos más acérrimos o se distanciaban de las personas con quienes un día compartieron muchas cosas: juegos, secretos, licores, esencias, labios y cuerpo.

Pero el ser humano es así. Casi nunca está preparado para nada y no se le puede pedir lo que no sabe y tampoco está dispuesto a aprender cuando los animales sólo tienen dos viscerales formas de juntarse. Y en cuestiones corpóreas somos iguales a ellos, de los que creemos estar tan lejos.

“Tienes un problema… Mirella… ya te lo he dicho muchas veces, a ti no te puede gustar un hombre cobarde” dijo Zulma con su mirada pertinaz mientras, para sus adentros ya estaba arrepentida de lo expresado.

Todas se quedaron mirándolas, la mayoría de reojo, y constató que la sinceridad no era un tema preciado. No era tampoco ningún descubrimiento.

Mirella increpó: “Ya sabía yo que venías con tus filosofadas… Yo me he encontrado con hombres con los que me he acostado, chica, y no me gusta volver a verlos, porque cambiaron…”

“Básicamente contigo… y qué esperabas que te persiguieran toda la vida, cuando los dejaste… o te dejaron (que es peor) o se dejaron de mutuo acuerdo…. Los cambios son la constante… pero podríamos reencontrarnos de otra manera con quienes compartimos… y no se trata de cobardía, Mirella, se trata de piel, de lealtades, del camino de la forma…”

Imagina este dialogo, interrumpió Esther: “Hola como estás… fulano (con quien te acostaste en el pasado, e imagina que está al lado de su nueva mujer y junto a sus hijos), cómo te va, cómo te ha ido, aunque no podamos repetir el pasado que tuvimos juntos… fue rico, fue hermoso… No chica… cuando pasó dejó de serlo, no puedes. Tienes que fingir que apenas lo conoces porque además la cuaima que tiene al lado ya sabe, aunque nadie se lo haya dicho, que se acostaron, y de repente piensa, porque así somos las mujeres, que fue cuando estaban juntos, o sea que hay cacho, de por medio también. Así somos, Zulma”.

Como para no dejar, ella contestó: “Pues yo le diría: Hola cómo estás, ya somos y estamos diferentes al pasado que nos unió. Casi no recuerdo nada de la intimidad contigo, porque eso se borra con una nueva intimidad, pero me da gusto saber que andas bien, que no estás torcido o retorcido, que te cuidas, que tienes mujer e hijos, con los que espero seas feliz mientras dure”.

El grupo se quedó un poco atónito, pero como buena tropa, las mujeres reaccionaron. Todas dijeron lo mismo. Entendió la mayoría que no había tanta cobardía en no asumir el pasado frente a frente, mas bien era cuestión de estilo social.

“Llámenlo como quieran. Pero el hombre que se me escape, por un lado, para no verme, porque en el pasado compartimos cama, no lo llamaré cobarde como Mirella, pero sí perdedor. ¿Qué podemos esperar de una sociedad que tiene como héroe al pulpo Paul, condecorado en España con la máxima distinción medieval?”.

martes, 15 de junio de 2010

Boreal suelta

Solángel supo que eso de los sentimientos era un embrollo grande. Lo supo desde muy pequeña. Papa y mama nunca estuvieron claros. Hubo unos trampolines inmensos en sus relaciones. A veces estaban arriba, otras abajo. Por eso ella prefería, en el parque, evitar el sube y baja, iba más al columpio y por esa razón estaba casi siempre sola. En los otros juegos se necesitaba a alguien más y la rueda era bastante aburrida en soledad.

No podía ser rígida. Eso lo supo de siempre. Cuando mama y papa se obcecaban y no salían de sus posiciones todo en la casa se ponía lento, feo; oscuro y tenebroso.

El patio dejaba de tener sol. El triciclo era una pesadilla. El pasillo se volvía áspero y frío.

Por eso ella fue aprendiendo vertiginosamente. Cuanto antes superara el asunto sentimental mas rápido andaría hacia la felicidad. Eso lo creyó desde siempre aunque el aprendizaje siempre resultó más torpe y difícil de lo que se planteó en un principio. Pero no podía sino seguir hasta aprender el secreto. Tenía que existir uno, al menos, para hallar esa felicidad que ella desde siempre deseó alcanzar, como quien quiere quitarse cuanto antes un dolor de estomago.

Pero tuvo que aprender que cuanto mas pausado era mejor. Había dejado amores. A unos los tomó en cuenta, a otros no.

Rindió cuentas al dolor de las despedidas, a los imposibles, a los sueños desvanecidos, al enamorarse; al amar. Al verdadero amor, a la misericordia; al lado humano que trasciende pero que no todos saben asumir ni tener al lado, como un buen amigo.

Descubrió egoísmos, bajas pasiones, amor del bueno, amor prestísimo y santo. Amor para perdurar por muchos años pero no para siempre. Este último es tan íntimo y tan personal que casi nunca está ligado con el amor, a menos que la pareja, trascienda con los mismos destellos de una aurora boreal.

Cuando descubrió que había encontrado la formula se sorprendió. Todavía estaba muy joven. Para ese momento sola pero ya con un nuevo amor en puerta.

Corrigió viejos errores del pasado y se sabía lista para no sufrir. Así fue.

La experiencia dio a una mejor escogencia. A una atracción más equilibrada. En el desequilibrio solo atraía eso.

Aunque los recuerdos no formaban parte de su tren diario, no pudo sino acordarse de los errores del pasado, la primera y dolorosa vez del amor, las trampas en las que fue cayendo estando comprometida, los desafueros, las incongruencias.

Ahora podía ir descifrando el telúrico panorama de las relaciones amorosas.

Nunca se había quedado con el facilitador por dentro pero miraba con aspaviento a su amiga Clarita, que no le hacía honor a su nombre. Más vieja que ella y aun sufría por el amor. Pero no se aprende de experiencias ajenas, al menos eso es lo que sucede en la mayoría de los casos.

Mientras ella estaba preparando el viaje hacia las aguas fértiles, serenas y conquistadas por su sabiduría interior, Clara iba deslizando cuerpo y mente, agotadas, por los senderos de ni siquiera saber si podía superar los escollos que día a día se le ponían en el camino.

Conversaron durante largas horas pero terminaron sin entenderse.

Lógica, razón, mente y todo el conjunto de ideas centradas hacia el esclarecimiento, la luz y el lograr que la fruta de granada estuviese apetitosa no pudieron convencer a Clarita de la necesidad de detenerse a tiempo.

Pero se alegró, justo a ella le había pasado, de allí nacería un feliz y bello aprendizaje. Era lo que ella deseaba y pediría al cielo.

¿Cielo?

Eso era justo lo que tenía delante de si, desde la loma de Cubiro, abrazada a Braulio, sabiendo que como ella, él había superado obstáculos, placeres y reconcomios…

¿Tanto así?

Lo miró de soslayo. En realidad, solo bastaba, uno crecido, para contagiar al otro de progresión. Eso era lo que firmemente creía.

Empezó a llover a cántaros. Era una buena señal.

Como era de esperarse, después vino un arcoiris, atravesando la loma. Quisieron llegar a su comienzo que bien podía ser su final.

Eran exactamente igual y eso era lo más importante de reconocer en las relaciones humanas: soltar el papagayo, por mas hermoso y festivo que sea.

miércoles, 9 de junio de 2010

Rebosante de mar

Ramona intentaba esconderse pero era un poco difícil dado el movimiento de los miembros de la familia en los últimos días, preparando las vacaciones, las idas y venidas al hospital, las tareas y trabajos de última hora aplicadas a los sobrinos que estudiaban, aunque ella los sentía más perezosos que nunca, pegados al computador, y a los juegos que los hacía parecer locos frente al televisor, gritando, esbozando gestos de guerreros zombis ante enemigos invisibles.

Ella sabía, porque se conocía mejor que nadie, que estaba a punto de darle una crisis de esas que se atribuyen a una edad, aunque ella, ya había pasado por tantas, que no sabía a cuál etapa atribuírsela, por eso se quedaba fingiendo una aparente calma y tranquilidad.

Era solo eso: disimular.

Desde pequeña había sido así: huidiza. Le molestó su nombre. Le incomodó que no le hubiesen puesto Rosa, como a su hermana. O Estrella como a su tatarabuela. Tuvo que conformarse con el femenino de su abuelo paterno y cargar con él como quien lleva guindado un fardo de trapos viejos.

Pero su libertad era el precio que jamás estaba dispuesta a pagar.

Por eso ideó meterse, primero, en el cuarto, pero llamó demasiado la atención. No verla era peor que estuviera por allí, para la familia. Todos terminaron conversando con ella, metidos en las cuatro paredes que ella tanto celaba y defendía como suyas.

Tuvo inclusive que airear el espacio, lo habían asfixiado completamente.

Se puso debajo de la mata de higos, en el patio. Le llegaron todos, igualito. Hasta algún vecino asomado y curioso conversó con ella a través de la reja del solar.

Planeó, entonces, irse a la orilla del mar, caminar las cuadras que la separaba del Océano y aunque sabía que hasta allí la irían a buscar, por lo menos ganaría un espacio que ella aspiraba fuese largo como alguna de las olas que llegan a agosto, en pleno verano, moviendo la arena gruesa de Adicora.

Liberando su cuerpo, la brisa la acompañaba hasta la playa, moviendo su vestido, sus cabellos que lucían gastados. Sus ojos iban buscando el horizonte. Nuevamente entendió que allí, en ese lugar, en esa longevidad serena que tienen los espacios que se concentran en la mar, estaba toda su sanidad, su fuerza y su esplendor humano.

Desde siempre se supo menos sola frente al mar.

Vio los muchachos correr y jugar frente a las olas.

Dispersas estaban algunas familias en la playa.

No necesitaba alejarse mucho para sentirse plena y al sentarse en la orilla, mientras las olas barrían sus piernas, entre agua y diminutas piedras, volvió la calma a su mente y su corazón.

La brisa le hablaba. El mar le traía el ruido más seguro de la tierra. Los ojos le ardían de la sal y el sol le daba fuerza a todo lo vivo que allí permanecía.

Se le aflojaron las tensiones de los hombros, desapareció el dolor de espalda…

“¿Por qué te preocupas tanto?”, escuchó una voz a sus espaldas…

Volteó para ver quien era y contestar con una de sus alucinantes salidas… pero no vio a nadie…

Se asustó e incomodó.

La voz había sido “clarita”.

Cuando su mente empezaba a encontrar respuestas “lógicas” a lo sucedido, le dijeron: “Puedes estar en calma, porque todo lo has hecho bien, hija”…

Ya no giró su cuerpo. La voz no era de estos tiempos. Ella sin ningún tipo de angustia lo advirtió. Tampoco era su cabeza que a veces emitía tantos ecos internos que le daba por escaparse a “tertuliar”, como ella admitía…

Se dio cuenta que tenía que dejar de ser inconforme y rebelde.

Bajó un poco la cabeza y se sintió rebosante de mar.

Todos estos años, después de tanto, habían valido la pena. Necesitaba esa aceptación para sonreír una vez más.

Se paró y con lentitud, metió todo su cuerpo en las aguas. La sensación de placer feliz e inexplicable no desaparecía a pesar de haberlo hecho tantas veces. Era la única emoción primaria que a la vez era eterna.

Bien por la vida, bien por la paz.

domingo, 6 de junio de 2010

Lo fácil

Isa, no soy tan buena como tu en eso de escribir… pero voy a intentar responderte, con la ayuda del diccionario… porque los errores tampoco contribuirán a expresarme.

Respeto tu decisión de separarte. A ti siempre te gustaron las películas heroicas… lo recuerdo bien cuando íbamos al cine…

Admites que tienes miedo. Eso fue algo distinto a todo lo que he oído de ti, la hermana superpoderosa, la tía justiciera y la madre que muchos anhelaban tener.

No puedo hacer lo mismo. No es que no tenga fuerzas es que la verdad no concibo la vida a solas y a estas alturas tengo hasta flojera de enamorarme de nuevo. Si, aquello de que prefiero lo malo conocido que malo por conocer, se aplica a mi, mas que cualquier otra cosa.

El que te conté es así. Ya me había dicho que lo echaste… se echó toda la culpa, me pidió que interfiriera, que te ama, que se portará mejor… ni siquiera te llame para repetir la historia.

Una vez me dijiste que las verdaderas culebras dejaban la piel en algún árbol o enredadera firme a la tierra y a ti te gustaban más esas serpientes a las que se mordían la cola. Yo estuve meses con esa idea tuya metida en la cabeza sin entender tanto como tú de todas esas cosas literarias que me leías cuando yo intentaba coser en la vieja máquina de mamá, hasta que lo medio entendí y hoy me vino como recuerdo.

¿Repetimos historias? Las dos sabemos que si.

Si hoy te liberas, me alegro por ti.

Me inspiras, pero también me asustas.

Todos, en la familia, te deben estar viendo con los ojos de la “juzgadera” y eso a mi me disgusta tanto como a ti.

Mis ideas de los hombres no son tan fatalistas. Decidí quedarme con el último que tengo porque dentro de lo malo es el menos “peor”. Solo espero que él no lea esto, porque ya sabes como es de impertinente y egocéntrico. La última terapista también la tuve que dejar porque cuando vio que la tipa tenía ideas demasiado avispadas, así como las tuyas, pues me hizo la guerra hasta tal punto que preferí quedarme viendo televisión en la casa cuando no tengo nada más que hacer. Eso ya lo hemos hablado bastante… no sé que más decirte…

Después de varios días de tener estas palabras a medio terminar me dije a mi misma que es bueno que tú sepas que Fernando anda preocupado por ti. Yo sé que eso no es mucho así. Está preocupado porque yo te imite…

En tu lógica mental, porque te conozco un poquito, tu me dirías que él tiene todas las de perder, que tiene más miedo que yo; que es un buen momento para cambiar las cosas…

En mi lógica, de “casa de muñecas”, como tu me has acusado tantas otras veces, esa preocupación me “encanta”. Para mi significa que yo le importo y mucho, y eso ya es bastante, verlo que a ciegas y sin querer lo admita, ante mi sexto sentido… “atrofiado”, por los años, como una vez me dijiste tú, cuando aquella cosa que pasó.

Tu le pusiste un nombre a tu carta: “Lo que escogemos”. Escogí lo más fácil, quizás.

Pienso que para ti es más fácil “salir” que continuar. La convivencia diaria es un arte, “del que no todos salimos bien parados”, hubieses agregado tu.

Escogí seguir no tanto con la esperanza del cambio, más bien con la tranquilidad de lo que conozco.

Creo que hasta aquí, la cosa se entiende,

Inés María (Notitarde, 06/06/2010, Lectura Tangente).-

domingo, 30 de mayo de 2010

Lo que escogemos

Desde hace tiempo estaba por decírtelo, ahora, las oportunidades me lo permiten y lo voy a hacer, porque además espero lo sientas un poco mas suavecito. Ha pasado el tiempo, ese gran calmo y paciente espíritu al que poco comprendemos.

Comienzo por decirte lo que ambas sabemos: tenemos lo que escogemos. Tu y yo en eso no hemos tenido suerte y mas que el azar yo lo pondría en manos de las lecciones que no supimos aprender por confundidas, una veces; por tercas, otras; por repetidoras de errores ajenos.

Ahí estás tú con un par de divorcios, yo con varias separaciones y nada que mejora la enfermedad. Tú tienes a la repetición de Fernando y yo tengo la fotocopia de Eduardo José. Si nos propusiéramos intercambiarlos tampoco ganaríamos nada bueno, de eso estoy segura y aunque esta ultima idea se me ocurrió a mi, no a ti, pues nada, tómala ligerita, no más; la he pensado sólo en los momentos de ocio absoluto, porque buena no es.

Tu Fernando era un hombre bueno cuando todo comenzó. Como todo. Aquí no hubo diferencia. Como los malos conductores al volante de un carro se le salió una personalidad que le desconocíamos. Así ocurrió con Andrés y ahora te está pasando con Miguelón.

Otro tanto me ocurrió con Eduardo José y Luis Alfonso y ahora con el innombrable ese que tu tanto conoces bien, mejor que yo, porque era conocido tuyo antes que mío y aunque no te quiero reclamar que me lo hayas presentado, porque esas cosas son impredecibles en la vida, quiero decirte, hermana, que me he sentido, muchas veces, como una avestruz loca, corriendo por un solar, sin sentido de orientación.

¿Será casual esa cifra de fracasos entre tú y yo? No lo creo. Dicen que la matemática revela cosas mas allá de lo que las palabras mismas puedan descifrar y aunque no soy experta en nada, tengo mucha vivencia, para que pretenda, como creo que tu estas ahora, ignorar las señales del destino… si es que lo son…

La verdad es que estoy harta de que vivas con ese sobresalto diario. Y cuando me puse a pensar en ello, antes de escribirte este correo, me di cuenta que también estoy “saturada” de lo mismo. Nuestras vidas son el sustico diario que creo le dejó papá a mamá antes de morirse. Chama, uno no puede vivir pensando que si dejas de hacer algo el hombre te va a dejar y lo peor es que ellos no hacen casi nada.

A nosotras, como mujeres venezolanas, nos enseñaron a hacer de todo para salir de todas las circunstancias. En eso hemos sido muy buenas. Debemos felicitarnos como si estuviéramos en un poco programa de alcohólicos anónimos.

Yo te felicito, Inés María. Yo me felicito a mi misma. ¡Somos grandes! Trabajamos, criamos a los hijos, mantenemos la casa; le pagamos los remedios a mamá; cocinamos en las noches, atendemos a nuestros maridos… y aquí me detengo. No sé si tú, esto ya lo hemos conversado, pero dejo el patín y la bicicleta; prefiero caminar y llegar medio derecha cuando esté viejita. Quiero por lo menos servir para algo. ¡No aguanto más! Tu hermana Isabel se divorcia por tercera vez… No quiero tener lo que escogí por más tiempo, para no ponerme melodramática, como me has acusado tantas veces.

No quiero más un hombre en mi casa por el que dirán. O por todos aquellos resabiados consejos de que mejor con macho malo que sola; hombre conocido que por conocer, hay que aguantar porque la vida en pareja es dura… que la felicidad no viene en bandeja de plata….

Sigo mi rumbo… no me dan miedo las criticas… “casadita” con ellas no estoy.

Tampoco aspiro que tú me imites. Para nada. Tus circunstancias son las tuyas. A las mías las detengo justo en un punto donde, sí, es verdad, tengo miedo, a lo que está por venir, pero mucho más a lo que he dejado de vivir, anclada en las necesidades siempre del que te conté, nunca en las mías…

Cero sacrificio, se acabó. Quizás debo aprender sola lo que hasta ahora no logré reunida.

¡Porque a eso si le debemos dar las gracias: todo lo podemos, porque para eso si fuimos muy bien entrenadas, desde la infancia! (Notitarde, 26/05/2010,  Lectura Tangente).-

lunes, 17 de mayo de 2010

Semifusa

Tomó varios vasos de agua antes de llegar a la esquina. Allí estaban los que se hacían con el paisaje de siempre. Un perro viejo, con ojos de bondad, al que todos apartaban por el mal olor; el vecino con la mano en la cintura sosteniendo la botella y la señora Tilde, pendiente de todas los asuntos de la urbanización, deseosa de ayudar y mucho más de entrometerse.

No le quedaba otro remedio que pasar delante de ellos. Estaba cansado para dar el vueltón que a veces se imponía para no tener que arrastrar la misma rutina del día.

Le hubiese gustado encontrarse con Timoteo o con la vieja Engracia, por lo menos hubiese sido diferente la noche, con otras conversaciones, con otras historias, aunque siempre fueran evacuadas por la misma calle, hacia abajo, cual río, sólo que sin la delicia del agua que tanto ilumina, con apenas sentirla.

Saludó con naturalidad y alegría, buscando en sus pensamientos los rincones de tanta inexpresividad en la gente que ahora veía.

“Tulio, Tulio”, escuchó que lo llamaban apenas se había detenido allí. Vio a su amiga Gladys que lo invitaba desde el porche de su casa a conversar. Se sintió alegre y conmovido. Sería un anochecer diferente antes de llegar a su casa, cansado de la rutina, del esfuerzo, del ruido que tenía constantemente en su mente.

Ella, tan adusta como grata, la disfrutaba enormemente, dado el vacío que algunas veces sentía, nada más que atado frente al televisor, cuando dejaba de leer o darle unos toques a la guitarra.

No le tenía preparado un guarapo de papelón con limón y abundante hielo. Esta vez le puso una cerveza destapada y muy fría en la mesa, mientras ella bebía otra de igual marca. El detalle era que las tenía tan heladas que tenían un baño blanco por fuera.

- Hoy me inspiré… le quise brindar unas “liquilique”…

Se sintió casi inspirado Tulio al ver que esta mujer seguía siendo la caja de sorpresas que él intuía. Lastima que no fuese un poco más joven y con menos malicia… Pero como amiga y conocida era todo un divertimento que él esperaba, ella misma, esa noche, no echara a perder… cuando empezaba a beber… tardaba en encontrar el punto de retorno.

- Hoy estoy celebrando cosas buenas… Solo preparé unas cuantas… no se preocupe… Se irá temprano… Mañana hay trabajo para ambos…

Puso salsa brava de antaño y el volumen estaba más bajo que alto.

“Mejor, porque sino me pide bailar”, se dijo para sus adentros, Tulio.

- No le pediré que bailemos… porque la otra vez lo hicimos y se corrió un chisme por la cuadra…

- No lo supe… pero me imagino. Pero lo que estoy descubriendo Gladys es que usted me adivina el pensamiento… todo lo que he pensado me lo ha respondido…

Ella se quedó mirando, afirmando con su cabeza… Sonrió hacia adentro, con una satisfacción bonita que hizo que por momento se viera mucho más bella e interesante.

Tulio se preocupó y miró la botella de soslayo… “¿Será que le estas cervezas están preparadas?”.

Nada más mirarlo, Gladys soltó una carcajada y le dijo:

- No, mijo, no acostumbro seducir con trampas… esas son cosas que hay que hacer en limpio.

Tulio no lo podía creer. Había sido desnudado. Sus pensamientos estaban claros… diáfanos… y ella los detectaba sin comentario alguno de su parte. Estaba al descubierto.

Trató de no pensar… se dejó llevar por la música… era fácil… se sabía todas las letras…

- Te dije que quería que festejáramos por cosas buenas… ¿Cuál se te ocurre?

- Muchas…

- Lo que mas me gusta de ti es tu optimismo… Dime algo positivo, pues…

- Estar vivo y con todos los sentidos despiertos creo que ya es bastante…

- Es un poco clásico tu pensamiento… es positivo aunque lo de “ya es bastante” me sonó triste… Pero no digamos más… Vamos a celebrar ese regocijo de estar vivos, salvados y perdonados, en este instante del ciclo del universo.

Se quedaron disfrutando la velada. Bebiendo, comiendo, disfrutando. Hubo un momento que el aparato de sonido cambió bruscamente a un bolero. Tulio se esforzó en concentrarse: “…que supieras que no hay en la vida otro amor como mi amor…”

La Lupe, tan desgarradora, como semifusa, también venía a descubrirle pensamientos.

martes, 11 de mayo de 2010

Óctuple de fuego

Allí estaba el estadio al que todos pertenecemos. Abierto porque ni siquiera el cielo es limite. Lo que sucede es que hasta los filósofos y escritores más eruditos caen en las trampas de la escasa libertad que, por desconocerla, algunos creen que tiene la mente.

Con tanto renacimiento y tanta expiración ella, la independencia, está atrapada. Por eso al momento de ubicar personajes es bueno caer en la tentación de esta red mediática que fluye desde el jueves cuando comenzó musicalmente el Mundial de Fútbol en África, el continente más hermoso y más necesitado de este mundo, que aún impregnado de incoherencias hace felices a los que van aprendiendo de qué se trata el reflejo de vivir.

Los Personajes: observadores, jugadores y goleadores. Todos somos un poco de los tres.

Hay maestros espirituales que dicen que de la observación nacen todos los conocimientos y eso lo sabe muy bien la gente que ha sobrevivido en la calle. Pero una gran mayoría ni sabe lo que es. Ven más no observan.

Por los pasillos de todo ese recorrido diverso que puede contener apenas unos cuantos tipos de seres humanos por las actitudes guías de sus vidas podemos entrar en las tormentosas clasificaciones de reconocer, a los expectantes, los roscosos y los insatisfechos.

Los expectantes están impregnados de todas esas que decoran los cuerpos. Desde el tatuaje de la primera mujer debutante en su vida hasta sombreros, bufandas, pitos, cintas y sudores multicolores con la bandera a la que se ataron.

Los roscosos siempre están con una necesidad en la boca. Comen, beben, gritan, hablan e igualmente alguna distinción cargan, más discreta, pero con una furia nacida en las entrañas, donde generalmente están escondidas ciertos racimos existenciales.

Los insatisfechos son los que hacen perder a sus equipos. No lo Saben. No lo admitirán. No se lo hará confesar ni el mismo señor de los cielos, pero para ellos el sentimiento de derrota ya es un triunfo. Es mucho el recorrido de la humanidad en los pasillos del disgusto.

Los jugadores, todos. Hasta los que están sentados. Pero allí están justo los que lo hacen en equipo, los colaboradores, los tensores y los héroes.

Los colaboradores son todos aquellos que responden al ánimo sempiterno que acompaña a muchos seres humanos. Son capaces de generar grandes empresas con el espíritu guerrero a flor de piel, con la majestad de saberse poderosos en la unión de la individualidad.

Los tensores son los que propinan las patadas, los golpes rastreros, la caravana de canalladas que nos han hecho los humanos que somos. Sin más ni menos. Pueden meter ocasionalmente un gol. Sin celebración. Puede haber aplauso. Nunca la alegría de un corazón libre de maldad.

Luego están los héroes, los que mas gustan, los que anotan los goles. ¿Clasificarlos? Goleadores de pasión, de técnica y de fe.

Los de pasión trabajan con el músculo mas importante sin desperdiciar ni una sola de las neuronas cerebrales. Tienen un baile sintonizado en todas sus auras, óctuple de fuego.

Son una bendición. Todos podemos llegar a serlos porque de hecho los somos. Solo que falta creerlo. Sin siquiera el limite del cielo.

Los de la técnica son los buscadores natos. Ni buenos ni malos son los animales que son.

Los de la fe son los que levantaron un pie para abrazar la confianza.

Todos, eso si, alegres, envueltos, animados, prósperos, colapsados, bailadores, confundidos, enamorados, amargados, perdonados, besucones, locos, lisiados, atravesados, equilibrados, concretos, justos, verdaderos, conectados, bondadosos, creativos, sensoriales, soñadores, libertarios, esplendorosos, inspirados y necesitados; con todos sus antónimos, por supuesto.

Porque el alma del estadio debería ser una sola, pero para que ello ocurra tendrían que conjugarse animosidades y palabras que no han sido inventadas.

Así de terrenales estamos en este punto de gracia.