sábado, 19 de abril de 2008

Luis Cedeño: "Del cuento lo que perdura es la esencia"


"Nací en 1953. Tengo cincuenta y cinco años. Me gusta nombrar que nací en un barrio. Me gusta decirlo por lo que pasó ahí conmigo. Cosas muy bellas. Fui feliz allí. Estudié en la escuela La Salle, la gratuita. Lo acentúo porque también pasaron cosas bellas allí. Conocí la de Guaparo y me gustaba la gratuita. Los religiosos. Mi mamá un día me tomó por la mano y me dijo: "Usted va para la Normal "Simón Rodríguez" a estudiar para maestro". Me gradué y soy maestro. Me gustan la bicicletas de reparto y tuve una. Me gustó atender una bodega y la atendí. Me gusta barrer patio y mi casa tiene uno. Quise tener un maletín viejo, de médico, para echar cuentos y mi hermano me lo consiguió. Estudié en la universidad, pasé por ella y me gradué. Soy esposo de Marlene y papá de Surrú y Mariana. Me gusta decir que soy maestro mas que licenciado. Complací y complaceré gustos de la vida. He andado como a mí me gusta andar. Fundamentalmente vivo porque a eso he venido".


De esta forma se presentó Luis Cedeño cuando se le pidió que resumiera su curriculum para esta entrevista tras treinta años como cuenta cuentos, aunque el gusta que le digan cuentero. Ganó el premio del concurso de cuento radial Panchito Mandefúa, de la Casa de las Letras patrocinado también por la radio universitaria 104,5 FM con la historia "Radio Cuento".


Para escribirlo le pidió a su esposa que le prestara el espacio de la cocina por una tarde. Allí acomodó los peroles e improvisó una emisora. Puso la mesa en el centro y en el medio colocó la licuadora que cumplió el rol micrófono. Después de actuarlo lo escribió.


¿Cómo fue esa vivencia trasladada al papel?
En el traslado de la palabra a la literatura hay un espacio de tiempo, unas normas de orden gramatical y un tiempo para el dibujo de las letras que hace que no seamos exactos.


¿Cuál es la diferencia entre el cuenta cuentos y el cuentero?
El cuenta cuentos, por lo general, busca los cuentos en libros. Los lee, les hace alguna modificación y los echa. Siempre les va a incorporar algo que tiene el cuerpo. Yo nunca he podido contar un cuento así. Me sé muchos cuentos de esos porque soy un lector. Yo lo que puedo hacer es conversar sobre cuentos que he leído, contar su historia, su anécdota. Yo voy haciendo cuentos... Y también me nutro de lo que oigo, en las camionetas. Escucho unas cosas que superan tanto la imaginación que es allí cuando comienzo a armar hasta que creo que están listos para contarlos a los demás. Primero tengo que convencerme a mí mismo para que los que me escuchen lo gocen. Mi vanidad, porque creo que la tengo, se llena cuando alguien se me acerca y me hace una pregunta racional sobre alguna de las historias que he contado.


¿Qué cuento se le ocurre?
Un hombre que tenía dos orejas muy grandes. La oreja izquierda era como del tamaño de una sala de conferencias. Eso es lo que yo recuerdo. Y la oreja derecha como del tamaño del edificio de Notitarde. Ese hombre, sentado frente a su casa, cuando soplaba el viento, la cabeza le daba a un lado y otro, de acuerdo a como soplaba el viento, por el tamaño de las orejas. Unos niños que lo vieron se le acercaron y le preguntaron si escuchaba por la oreja izquierda. El dijo que sí. "øY qué oye?", le preguntaron. "Estando, por ejemplo en San Diego, puedo oír lo que están hablando en la plaza Bolívar de Maracay". Todos los niños se le encaramaron arriba, se le pusieron cerca de la oreja y escucharon hasta los perros ladrando de la plaza Bolívar de Maracay. Entonces, otro niño le dijo: " Y si usted oye tanto por qué no escucha lo que hablan en la plaza Bolívar de Caracas". El dijo: "Sí, lo oigo". Puso la oreja hacia Caracas y escucharon él y los niños lo que allí ocurría. Otro niño llegó y le dijo "íAh! usted se la echa, señor. øPor qué usted no escucha lo que hablan en la china?". Entonces el hombre le dijo: "Sí, lo escucho. Búsquense una guafas y unos mecates". Los niños bajaron, se montaron de nuevo; le amarraron la oreja, la templaron y pusieron la oreja hacia un cerro. El les dijo que del otro lado quedaba la China. Así escucharon muchas voces de chinos que no entendieron.


"¡Señor! ¿Y por la oreja derecha que es más grande? "Por esa yo no oigo nada".


De esta forma Luis Cedeño va diciendo que a los niños se les ocurrió hacer un conuco, sembrar caraotas, ají y pimentón; después idearon un río que saltó con agua clara; una casa, un hombre y una mujer que se dieron un largo beso que abrió las ventanas y las puertas para dar paso al aire y a los pájaros y los muchos niños que llegaron rompiendo la soledad.


¿Lo acaba de inventar?
No, lo he echado, pero los cuentos que se echan son libres y adquieren una atmósfera. Ahorita, lo he echado, y no sé por qué, con nostalgia. Se mantiene una esencia que es "lo no dicho", que es lo que uno percibe de una palabra aunque ella no lo denota. Lo que perdura es la esencia, lo demás son formas, gestos, recursos que se usan, que pueden cambiar.


¿Dónde le nació el oficio de cuenta cuentos o cuentero?
Se inició en la escuela rural de -Güigüe donde trabajé.


¿Era consciente de su don?
No. Yo estaba dando clases y estaba contando los cuentos de lo que ahora sé que se llama recurso pedagógico. Yo me doy cuenta de eso después. En el momento yo estaba contando los cuentos correlacionados con el contenido programático. En los recesos los niños me pedían que les echara algunos cuentos y lo hacía. Así comencé. Pero se dio la relación que empezaron a decir "el maestro Luis cuenta cuentos, si quieren lo llaman y lo invitan". De esta forma me llevaron a algunos lugares y empecé a contar lo que me sucedía en clase, con mis alumnos. Hubo un momento, no sé cuál, en el tiempo, que soy un cuenta cuentos.


¿Cuando empezó a agregar objetos a sus cuentos?
Toda mi vida he sido muy escenográfico. Toda mi vida me ha gustado usar sombrero y cargar cosas en el cuerpo. Cuando quiero contar, el cuento me consigue con la escenografía. Entonces yo la incorporo.


¿Disfruta echar cuentos o ver a la gente escuchándolo?
Cuando me olvido del espectáculo comienza el goce, el cuento en el que creo cuando lo echo, nunca dudo, y cuando veo al público atento a mi actuación, siento que el cuento hace que yo me ponga al servicio de él, porque él requiere de mí y yo no puedo traicionar el cuento. Hay un acto como mágico.


Lo disfruto y el público aplaude, aunque a veces se queda reflexivo. Me gusta cuando la gente se olvida del esquema ese de aplaudir apenas termina una actuación. Si alguna vez hago teoría sobre la oralidad comenzaré por allí, sobre esa conciencia que despierta el cuento y la palabra (Notitarde, 19/04/2008, Confabulario).-

3 comentarios:

Anónimo dijo...

A Luis Cedeño lo conozco casi de la infancia y lo digo porque al atravesar el puente de la Branger y curvear hacia la casa de su mamá podía encontrarme con él.. y unos de de esos recuerdo es : "un boscoso almanaque" por donde soliamnos recorrer a través de la palabra a la misma poesía y a la Creación del verbo por la magia del decir y del expresar...
Que nos recreaba en tardes y noches
de conversación...

Anónimo dijo...

tuve la oportunidad de compartir con el y me parece una persona maravillosa, excelente cuentero como dice el en la entrevista, quisiera contactarlo para invitarlo a la escuelita donde trabajo y regalar a mis niñosun momento de alegria y de cuentos. tenia su numero de telefono y lo perdi,mi correo para que me contacte: haideeriver@hotmail.com

Anónimo dijo...

Luis Cedeño es un personaje que se escapó de uno de sus cuentos (es un lugar común, pero ya sabemos la fuerza y la verdad que tienen los lugares comunes). Luis Cedeño no sólo escribe poesía sino que la vive, lo cual, a mi juicio, es más importante que escribirla. En una oportunidad, buscando entre montones de libros viejos de un remate, encontré el primer libro que Luis Cedeño publicó (esto me lo dijo él mismo después). Es un libro de poesía llamado "Pensamiento de los pájaros tiernos". Lo compré para mostrárselo en la primera oportunidad en que lo viera. Lo guardé y ficcioné que me puse a esperar a Luis en el puente de la Branger, por donde él debía pasar después de visitar a su mamá. Pero esperé y esperé y esperé mucho tiempo bajo la lluvia, el sol, el viento y cuando Luis llegó le mostré el libro y le dije: "Mira lo que encontré" y abrí el libro. Pero no tenía nada escrito, su interior estaba en blanco: la lluvia, el sol, el viento, el calor, el frío, habían borrado su contenido. Entonces Luis me dijo: "No importa Pedro, de la poesía lo que queda es su esencia".