sábado, 8 de agosto de 2009

Artesano Luis Acosta Cáceres: "La arcilla se mete en la sangre"


Del viernes 14 al domingo 23 se estará realizando la XVIII Feria Turística y Artesanal de Tintorero, estado Lara, pueblo que recoge mucho encanto dentro de la árida zona que puso al hombre a prueba y éste no defraudó convirtiéndose en músico, tejedor de hamacas, labrador de tierra, transformador del barro y tallador de madera, por decir unas cuantas cosas que la que destaca, la inventiva y tratar de mencionar que las bebidas espirituosas, preparadas en las casas, nunca han dejado de faltar.


Hacia este encuentro, entusiasmado y con la presión de llevar lo mejor de su producción, viaja el artesano carabobeño Luis Acosta Cáceres, quien lleva más de veinticinco años en este oficio, dentro de su taller, del que no le gusta salir, lleno de sus ilusiones, sus materiales y el grupo de jóvenes ayudantes, formados por él que le acompañan.


¿Cómo fue ese inicio dentro del oficio de artesano, ejercido por usted desde hace veinticinco años?
El primer contacto que tuve con la arcilla fue de niño. Cuando estaba estudiando en la escuela "Pedro Castillo", aquí en Valencia, que quedaba en la avenida Bolívar, donde había, la lado, un vivero, vi a un señor con un torno. Fabricaba los porrones que allí se vendían. Saliendo de la escuela entraba allí y empecé a preguntar con curiosidad y tanta fue mi insistencia que me dio un pedazo de arcilla para que me quedara tranquilo y no molestara. Llegue a mi casa e intenté a hacer cosas. Luego terminé mi primaria, hice el bachillerato, regresamos a Caracas, porque de allí nos vinimos, me gradué allá y una vez trabajando en computación, recordé aquello de la arcilla y volví a retomarlo. La arcilla se le mete a uno en la sangre... comencé a hacer cosas, sin parar.


Llegó un momento en que por diversas circunstancias dejé mi trabajo y me dediqué de lleno a ocuparme la arcilla. Poco a poco fui haciendo las piezas y puse mi taller de artesanía.


Hay una constante en su obra y es el aspecto religioso, ¿cómo le nació este sentido espiritual que ha sido permanente? ¿Es porque también forma parte del gusto de la gente?
Las personas que hacen este tipo de trabajo lo hacen por sus convicciones. No es que yo sea muy religioso, de ir a misa y a iglesias; pero lo que si soy es muy creyente. Tal vez ese aspecto mío viene por la familia. Siempre me llamaron la atención las imágenes y la parte de la religiosidad nuestra como sociedad, que todos tenemos nuestros santicos, nuestras medallistas; estampitas de protección. Por supuesto, veía las tallas de otros artesanos que tocaban este talante mágico-religioso. Mis primeros trabajos los hice con arcilla, por la remembranza de mi niñez. Pero no fue algo consciente hacer arte religioso. Es porque fue lo que me gustó y de otros países, inclusive, eso fue lo que me invitó a estudiar y observar ese tipo de manifestaciones en otros artistas...
Y gusta mucho a la gente...


Pero muy rara vez yo me planteo hacer algo porque le guste a la gente. Es importante que guste porque de algo tienes que vivir...


Trabaja en su taller con familiares...
No, con jóvenes que son como hijos míos. Algunos ya tienen tres o cinco años conmigo. Unos aprenden el oficio y se van. Varios de ellos, por no decir todos, no conocían la "o" por lo redondo. Llegaron allá y les enseñé a trabajar. Algunos, con mas fortuna que otros, se les metió la arcilla en las venas. Es importante que hayan aprendido algo. Quedará en cada quien hacer su camino.


¿Con qué expectativa viaja a Tintorero?
Es la primera vez que me invitan y tengo entendido que es la feria artesanal más importante de Venezuela. Voy hacia allá sin ninguna idea preconcebida. Este año sucedieron varias cosas, porque más allá de haber sido mi trabajo reseñado en el libro "El Barro Figurado", de Mariano Díaz, en 1990, participé en algunos talleres de la Bigott "Encuentro con..." y alguna pequeña muestra en el Museo Sacro de Caracas... no puedo decir mas nada de mi proyección porque siempre me ha gustado estar encerrado en mi taller haciendo mis cosas. A partir del año pasado empecé a colocar por Internet una página para dar a conocer mi labor, mi taller y abrirle la posibilidad de reseñar el trabajo de otros compañeros. Ello ha dado la posibilidad de ampliar los conocimientos sobre mi obra. En enero Notitarde, en Confabulario, hubo una reseña de mí, totalmente virtual, que me gustó mucho.


Habla mucho de su taller... es como su espacio místico...
Cuando llegué a Valencia por segunda vez, porque regresé a este estado en octubre de 1993, deseé vivir en un galpón para tener un espacio grande... Al año lo conseguí. En el taller paso las veinticuatro horas. Mi conexión con el mundo exterior son los teléfonos, Internet y la puerta que siempre está abierta para quien llegue a preguntar y ver las piezas.


¿Cuanto cree que le ha ayudado Internet a dar a conocer su labor artesanal?
Cuando estudié computación para utilizar un procesador había que tener conocimientos profundos de sistemas. Ahora las computadoras son completamente amigables, con comunicación instantánea.


Tengo profunda admiración por Mariano Díaz, por su compromiso verdadero de difundir el trabajo de los artesanos y los artistas populares. En su tiempo los medios para darnos a conocer eran los libros y las exposiciones. Ahora, Internet es una herramienta súper poderosa para ubicar a la gente. Como los artesanos, tengo que decirlo, aunque no guste, siempre hemos estado huérfanos de promoción, me parece que esta herramienta es democrática, y que somos los propios hacedores los que debemos tomar la responsabilidad de dar a conocer nuestro trabajo.


¿Asumir esta responsabilidad es una forma también de valorarse?
Claro. Porque nadie valora lo que no conoce. He conocido estupendos artesanos pero nadie sabe de ellos. Lamentablemente, salvo algunas iniciativas, que parecen medio epilépticas, no hay una permanencia en el tiempo en cuanto a la difusión del arte. De allí que me parece importante esa labor de animar a los demás a tener sus páginas para difundir su talento y oficio.


¿Cuál es su pieza favorita, la que fue difícil desprender?
Una representación de un árbol, con unos cristos, con muchas flores y mucho colorido. Yo no tengo casi piezas mías...


Por eso es que está tan afanado para ir a Tintorero...
Lo que ocurre es que todavía no he hecho la pieza que se va a quedar conmigo... porque si no la tendría... (Notitarde, 08/08/2009, Confabulario).-

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