jueves, 14 de julio de 2011

Pérez Só: masticada lucidez

Cuando uno lee la poesía de Reynaldo Pérez Só comprende y siente un nuevo lenguaje poético trazado por años de amor hacia la palabra y en su último poemario Rosae Rosarum esta sensación se vuelve más honda y más libre también.

“… rosa de los vientos / (la menos rosa de las rosas / sobre papel /brújula en mesa de barco / con trazos y direcciones de vientos)/ ve rosas donde no hay rosas / pero sueña la rosa que desea / imagina vientos exactos/ el barco creído centro/ y la rosa de imago hecha de aire…”

“… (aunque como la rosa se mueve más que ella su entorno / aquí la rosa no es belleza / pues pertenece al hombre / al calcular la frecuencia de los vientos)…”

“… rosa híbrida / se luce en nombres / y halagos / la mestiza se disuelve / en su multiplicidad / que dura /la vida es un  /esqueje a otro  /esqueje / que maquilla /a la rosa…”

Sus palaras asoman un viaje litúrgico hacia la rosa, imagen que galopa en la mente con la fuerza del color, con la fragilidad ineludible para describir la mayor de las fuerzas; con la necesidad de ir descifrando sus múltiples y sensibles voces, ampliando cada momento su inefable dimensión.

En el VIII Festival Mundial Poesía, realizado en Caracas, entre el 12 y el 18 de junio, se le realizó un homenaje nacional y fue presentado este su último libro,  leído y presentado en el espacio de Librerías del Sur Valencia (C. C. Camoruco) en un encuentro sencillo con este hombre, por todos conocidos en esta ciudad, organizado por el Grupo Li Po y el Grupo Literario Enriqueta Arvelo Larriva.

Allí el ensayista José Carlos De Nóbrega leyó su investigación titulada “Elogio panorámico a Reynaldo Pérez Só” en el que descifra con mucha serenidad (la misma del poeta) su encuentro con la obra de este hombre que ha trabajado y estudiado incansablemente.

Ha publicado los poemarios Para Morirnos de Otro Sueño (1971), Tanmatra (1972), Nuevos Poemas (1975), 25 Poemas (1982), Mirinda Campo (antología, 1984), Matadero (1986), Reclamo (1992), Px (1996), Solonbra (1998) y Antología Poética (2003 y 2006).

También publicó el ensayo Fragmentos de un Taller (1990) y el monólogo Sucre, Estampido de Dios (1995).

Ganó el concurso de cuentos del diario “El Nacional” en 1999 con Viento Sur.
Para De Nóbrega, “Desde su primer poemario hasta el más reciente, incluyendo poemas dispersos en publicaciones periódicas diversas, la poesía de Pérez Só descansa en la desnudez y la transparencia estilística, amén de lo fragmentario e inmediato de la expresión poética en la recreación del discurso de voces disímiles que estremecen su mundo interior”.

Tanmatra se nos antoja una consolidación de esa sorprendente voz poética que aborda el laberinto de adentro –me llamo legión porque somos muchos- sin remedar ojos rasgados por navajas, mucho menos aprisionar las imágenes en medio del estrépito de demoníacos traseros fusilando atmósferas surrealistas que le faltan el respeto al Bosco o a René Magritte. Habíamos anotado en anteriores oportunidades que Pérez Só maneja magistralmente, aquí y en el resto de su obra poética, el encabalgamiento y la anáfora para reivindicar el concierto abstruso y la más de las veces ininteligible que nos acosa cotidianamente, y que paradójicamente nos conduce a una posible vía de expiación: me escondo de mí / me asusto / he llegado tarde ya / cambiaron mis campos / trabaja la muerte noche y / día como mi padre / tengo que esconderme no importa / dónde / debo esconderme”, explicó De Nóbrega al referirse al segundo libro publicado, de sonoro nombre.

Sobre uno de sus libros más polémicos, Matadero, dijo: “Pérez Só insiste con su visión propia del poema breve, su despojo formal y su multisugerente ruptura semántica, para transitar una tonalidad más descarnada y cruel que se derrama sobre el cuerpo poseído por un erotismo caníbal, fatalista y fetichista.
Apunta Liscano que el conjunto desarrolla “una visión despedazada de la sexualidad, del cuerpo, de la carne expresada con una escritura que sigue siendo la suya, pero entrecortada, tasajeada”. He aquí una muestra estremecedora que raya en dura palabra masticada por la lucidez: deben trabajar / en el matadero / fruncir la carne / sobajar los muslos / para decir el arte es mío / aprender a dar a cambio / de otro dar a cambio / y luego forman el amasijo / del mañana / el sí substituye / al ojo o al sentido / hasta que tasan todo / sin poder oír / el verdadero precio”.

Como co-fundador y director durante muchos años de la Revista Poesía que edita la Universidad de Carabobo, referencia obligatoria para todos los estudiosos de letras del mundo, se dedicó con esmero a realizar el trabajo certero y limpio de quien cuida a la poesía y a los poetas como la más preciada de las rosas. Rosae Rosarum. Su labor no ha pasado desapercibida. Gracias a su ejemplo son muchos los que continuaron este trabajo riguroso-hermoso de hacer de la reflexión y la búsqueda creativa el rincón perfecto para ampliar al mundo (14/07/2011).-