martes, 28 de abril de 2026

A la venezolana

 


El sábado 18 de abril se llenó la Puerta del Sol de Madrid, como si fuese la Noche Vieja de cualquier ultimo dia del año, para la ceremonia de las uvas y de las campanadas.

Asistencia total.  De venezolanos.

Desde las doce del mediodía se empezaron a reunir allí para el encuentro con María Corina Machado, dirigente y líder de la oposición, premio Nobel  de la Paz, pautado a las seis de la tarde.

Las imágenes televisivas hablaban por sí solas y hasta parecía que había mas gente que el día de Nochevieja. Sobre todo, porque en esa noche hay mucha organización  y aquí era un bululú de gente. Con dispersión por las calles Preciados y Montera.

Dicen que la plaza puede reunir unas 15 mil personas. Se contabilizaron unas 11 mil, según escuché.

No asistimos al encuentro (pese a la invitacion de algunos alborotadores) y por television regional vi los últimos minutos del discurso.

La tarima pequeña tenia unas letras que ya reflejaban el espíritu del encuentro: A la venezolana. Es decir, a la algarabía, con  musica y tambores. Con alegría, pese a los desmayos, que también hubo. La idiosincrasia criolla, viva mas que nunca,  rompedora como es,  de protocolos.

En el tablado, vimos a María Corina ataviada con rosarios multicolores. No sabíamos que había fervor religioso en el encuentro, pero fue reflejo de lo sabido: la lucha del pueblo  venezolano es espiritual. Sin planificarse, hubo esa suerte de coincidencia, manos alargándose para regalarle cuentas de oración.

El juego visual de las imagenes de TV Madrid,  recordó los collares de protección de los Orichas que también son  comunes en nuestra tierra. La  diferencia estaba en los crucifijos que se veían en la franela blanca que llevaba puesta ella, vestida con sencillez.

Rosarios entregados por muchas mujeres venezolanas que hasta el último momento, ya subida ella al vehículo para marcharse, se los seguían regalando.

A un lado del gentío, me contaron despues asistentes a la multitudinaria reunión, hubo una pareja de venezolanos, arropados por todos sus paisanos, que tenían un gran póster a todo color, en el suelo, con los rostros de Nicolás Maduro y Cilia Flores: 3 meses presos. Allí hubo catarsis.

La visita a España de María Corina Machado ha revelado certezas e incomodidades. 

Vimos a una mujer crecida como líder, sensibilizada mas que nunca con el dolor de todos los venezolanos.  Se abrazó  a gente que no veía desde hacia mucho tiempo, personas que fueron torturadas, que estuvieron presas por nada; periodistas que tuvieron que pagar con cárcel, solo por informar al resto de sus conciudadanos.

Buena mayoría obligada a huir de su propia nación por el antojo febril de quienes aún obstentan el poder, sin siquiera haberlo conquistado, y dejando a su paso, el mayor daño posible.

Vimos en ella la vehemencia  de quien ha sufrido  encierros y la fuerza de la constante resiliencia. Verdades no complacientes. Eso nos gustó.

Sentí incomodidad al verla con Núñez Feijoo y otros representantes de la derecha española, y Vox.

Las pocas veces que me ha gustado Ayuso es cuando habla de los venezolanos. 

Así como nos gusta poco Gabriel  Rufián cuando habla de Venezuela y defiende a izquierdistas que han ejecutado indecoroso papel, por el supuesto bien hacia Venezuela.

Siempre que he hablado con simpatizantes de izquierdas que me decían que Maria Corina era de derechas, les decía que no la veía así, sino como defensora de unos valores, que en Venezuela, cayeron en picada por unos regentes, borrachos de poder, enquistados en miseria humana.

Un buen amigo mío  me hizo ver la trascendencia de no dividirse entre derecha e izquierdas, cuando lo que se defiende es la libertad y el regreso de una buena democracia,  que supere la anterior,  porque la que teníamos antes de los chavistas-maduristas, fue el origen de este mal.

Una semana despues de la visita de Maria Corina se pueden deducir muchas cosas. Escuchamos tantas opiniones positivas y negativas, que solo podemos deducir que la neblina, densa y multicolor, unida a la kalima y barro derrtido del desierto del Sahara -que llega a la península iberica-, estuvo a punto de ensuciar todo lo alcanzado.

Al principio quisimos hacer este articulo contrastando todas las opiniones que escuchamos. En el justo momento de ponernos a escribir sentimos que no valía la pena.

No intentamos tampoco convencer a nadie de nada.

Venezuela, despues de lo ocurrido por orden de Trump, poco ha cambiado: sigue la injusticia social. El maquillaje no va surtir ningun efecto real en la población. Siguen personas injustamente presas, siguen encarcelado, sin justificacion a cualquiera que se les antoje; siguen muriendo y siguen sin dar ninguna explicacion al mundo, de por qué ocurre todo esto.

Existen dos Venezuela:  de los que no tienen derecho a nada porque ni siquiera las pensiones alcanzan para comprar alimentos; y la dolarizada, de los que por las razones que sean, pueden tener una vida dentro de una nación que lleva mas de veintisiete años convertida en victima de sí misma.

Inmersa en la redención por collares, en la lucha espiritual, esperemos, a punto de desencadenarse.

Observando el todo,  de una manera mucho mas sencilla, podemos deducir: los venezolanos lo tenemos más facil de lo que creemos.

Puestos en elecciones honestas, elegir entre asesinos y luchadores por el cambio, todos sabremos por quiénes votar. 

domingo, 12 de abril de 2026

Estrechos y ajenos



Decidí  ir de al supermercado chino mas cercano -el que me gusta-,  a comprar  pasta fetuchini de boniato.

No estaba muy lleno, encendido como siempre el alto volumen  de la voces de los empleados  y clientes asiáticos.  Suelen hablar muy alto y con unos tonos estridentes, en contrase con los pocos latinos y españoles que casi susurran, porque sienten que han entrado a un templo, al encontrarse todos los ingredientes juntos para hacer apetitosas recetas  exóticas que inundan las redes.

Escogí dos o tres cosas mas y fui a pagar. Pedí  una bolsa porque olvidé  la de tela que normalmente  llevo. La cajera me extiendió una bolsa usada, arrugada. Le pedí que me la cambiara , que me diera una nueva. Ni siquiera quise pedirle explicaciones y preguntarle si la usada no me la cobraría, me la regalaba. Siempre creemos que el idioma es barrera, que su falta de tacto es irresponsabilidad cultural.

Ella se puso a hablar en su idioma con la compañera cajera de al lado y colgó  la bolsa vieja en un gancho  como si se tratará de un objeto preciado, mientras intercambiaban comentarios y me miraban, creo que burlonamente. No soy experta en ojos rasgados.

Al momento de devolverme dinero en efectivo me dio un billete de diez euros en el peor de los estados... Le pedí que me lo cambiará y lo hizo, sin chistar, pero igualmente intercambió palabras con la otra  cajera... que no entendí porque ni siquiera identifiqué si era chino mandarín.  No lo parecía.

Al salir tuve esa sensación de estar muy equivocada. Los asiáticos entienden  (nos entienden) y en buena mayoría de veces, mejor que nosotros mismos.

Somos nosotros los que estamos errados.

El respeto a las culturas ajenas no puede alejarnos de un principio: todos somos iguales y a la primera de cambio, la falta de conciencia suele conducir a los mismos  recovecos, sobre todo en la cotidianidad.

Estamos acostumbrados  a ver asiáticos  muy en lo suyo. Ahora ya sabemos que quieren, con o sin motivo, jugársela por nada.

Sentí no valía la pena llamar al encargado, ni grabar las voces de la burla o lo que fuera que estuvieran hablando, ni siquiera elaborar  una reseña en Google, que tanto cuidan  ahora los establecimientos.

Ya lo sabemos. La calle es dura. Los comercios, estrechos  y ajenos.


Foto: https://share.google/oA0fyYzDAihsn0JT3

sábado, 4 de abril de 2026

Pasta Pizza Burritos

Pasta con caraotas y taja'


Aunque no se lo crean, eso resume a la Venezuela  de hoy, todavía sin terminar de sacudir demonios y esperpentos.

Desde la detención del presidente Maduro y la muy cuestionable Amnistía decidimos guardar silencio en bien del acoplo de las energías  burlescas, del propio destino venezolano.

Pasta. Plato único que amamos con locura.  Cuando a mi madre española, una vecina le enseño a hacer la salsa para acompañar, al mas puro estilo criollo, este alimento descubierto por Marco Polo en su viaje a China; nuestra vida de niños cambió,  aunque a mi padre no le entisiasmara tanto, fiel a su sopa de ajos.

Los espaguetis y los venezolanos son casi la misma cosa que las arepas. No falta un plato de pasta en ninguna casa, hasta mezclado con caraotas (alubias negras), aunque eso,  algunos, lo interpretan como marginal.

Pasta hasta con un simple queso  blanco rallado (llanero todavía mejor), era la satisfacción mas cómoda, barata y elemental de las familias antes de que comenzarán a gobernar hace mas de 25 años los chavistas. Si se le agregaba plátano frito, maduro o pintón; comida completa.

Pero llegó un grupo de venezolanos, nada extraterrestres, que tenían en sus corazones ese sin sentido tan perturbado y perturbador, de que a ellos se les debía algo, porque mientras unos tenían lo que ellos deseaban, no eran felices.  Podríamos decir que gobernaron con resentimiento pero eso sería muy superficial. Porque hay que agregar capas sutiles y escandalosas de unos años de muertes, persecución,  violencia, caos, hambruna y todo lo que se pueda agregar de este pequeño holocausto caribeño, con un éxodo masivo nada despreciable.  Para que vivieran a sus anchas los chavistas y acólitos, debían morirse, callar y marcharse, todos los demás.

El pais con todo y sus riquezas al parecer les quedó  pequeño, y entonces como ya se sabían  demasiados malos o demasiados canallas  para detenerse, se metieron a narcotraficantes, con el aparato  del Estado a su favor.

Empezó a gobernar, la otra pasta,  que mueve todos los hilos. Compra, vende, asesina. En  todo el mundo, en Venezuela, con notorio ensañamiento.

Los condimentos de esa otra pasta  son muchos mas variados que los comestibles. Porque nadie en su sano juicio haría unos tortelonis, rellenos de cianuro para envenenar a los suyos. Pero esa infraestructura que es el dinero no perdona a nadie. Todos los superpoderosos se descubren a si mismo ante el Dios Billete.

Pizza. Hasta que no probamos una de las buenas, con los mas simples ingredientes, si acaso dos o tres, y una masa lenta y fermentada, entendemos que nos gusta cualquiera. Los sentidos y el hambre sucumben ante horno y lumbre, calor y aromas,  sabores que hacen que el paladar salive.

Los venezolanos, a la cabeza del Caribe, hijos de guerreros, planificadores de oficio, insatisfechos constantes,  nos encanta improvisar, inventar y agregar muchos ingredientes a la masa, creyendo que satisfacerá más. 

Luego  viene el empacho. También  las diarreas,  aunque visto de un modo mas pragmático, esto último  es  necesaria limpieza corporal.

La pizza también tiene el goce de ser redonda y sujeta a repartición.  Partidos los trozos, todos nos avalanzamos sobre ella a matar el hambre.

En esa pizza que ha sido Venezuela la distribución  ha sido asquerosa.  Desde siempre.  No hemos tenido ningún tipo de respeto. Los de antes y los de ahora, prestos siempre al saqueo. Los apellidos mas rimbombantes, desde los Ford hasta los Rodriguez, hasta los mas comunes, han creído que tienen la capacidad  y el derecho a hacer y deshacer frente  a todos, y sobre  una inmensa mayoría que tiene cuando menos, algo de conciencia.

Se acaba de descubrir por cierto que la conciencia no está  en el cerebro. Por lo menos se están visibilizando cosas obvias.

Burritos. Es posible que esa sea la cena de muchos de los presos que se encuentran en cárceles norteamericanas.  Una comida muy apetitosa para millones de personas que hasta tuvieron que inventarse una cadena mundial de comida mexicana para extenderlo por el mundo.

También  se rellenan. Los hay de sabores muy artificiales y otros mas autóctonos.  Recuerdan pasado y tradiciones también.

En el modo supervivencia son  un manjar, combinado  con flatulencias porque la industrialización, nada bueno  ha apuntado hacia la salud y calidad  de vida.

Si nos ponemos creativos los burritos, han sido ellos,  los gobernantes, todas y cada una de la piezas de la maquinaria chavista-madurista. Ya vendrán  los tiempos en  que tengamos que darles las gracias, porque la carga de su maldad será la libertad de haber trascendido y abrazar el  horizonte real.

El título al artículo  lo encontré en la calle, caminando por este entuerto desenroscado, que es Madrid. Es una cadena de comida italiana, mareando el paladar de la humanidad.

Franquicias revestidas de dignidad.