miércoles, 26 de junio de 2019

Fernando Giayetto: el arte es incómodo

Fernando Giayetto

Las mujeres de Fernando Giayetto penetran en colores primarios. Están desnudas. Abiertas. Cerradas. Golpeadas. Felices por el sexo. Ilusionadas por el embarazo.

Se muestran y dinamitan el discurso. No podemos ser indiferentes ante ellas porque  fueron pensadas para decirnos algo. Lo comunican, lo cantan. Nos hacen sentir el golpe oscuro del alma.

Las mujeres somos un tema como cualquier otro, pero en muchos lugares la ignorancia soflama seres invisibles, ignoradas, despiadadamente ultrajadas; tanto en castas de La India como en fiestas provinciales de España.

La presente entrevista ha sido realizada casi en tono epistolar. No conozco personalmente a este artista. Con mucha generosidad respondió las preguntas y aportó todo lo que los lectores bien podrán leer.

Por eso este hombre, también médico, nacido en la provincia de Córdoba (Argentina, 1964) “con un paisaje que combina llanuras y montañas; paisajes muy bellos, cuna de mi desarrollo, formación y crecimiento” enfrenta sus obras  a un público rebosante de preguntas y experiencias.

MPS: ¿Por qué se encuentra en este momento en Italia?

FG: Mi presencia en Italia y Europa está relacionada con mis orígenes (soy bisnieto de italianos), con un proceso personal y con mi desarrollo como artista.

MPS: Su exposición “Derechos” no dejó indiferente a nadie. Simpatías. Malestar. Mujeres solidarias que tampoco sabían muy bien qué hacer. Otras supieron interpretar la infinita lectura del arte consciente y sensible…

FG: Fue mi primera muestra y mi primera exposición a la mirada de los otros, en marzo de 2007. En noviembre de 2006 decidí todo a la vez: comenzar la obra inspirada en esa temática y hacer con ella mi primera exposición y mostrarla el 8 de marzo del siguiente año, en el Día Internacional de la Mujer.


La mujer

En esa aventura me acompañaron, el artista plástico, amigo y maestro en el arte y curador de esa muestra, Roberto Silverio Montiel; también Mónica y Nancy, amigas y compañeras de trabajo y por entonces, también compañeras en la militancia en la lucha por los derechos de las mujeres, en especial por el derecho al aborto y a una sexualidad libre, gozosa y segura; conceptos a los que ahora, pasados doce años, podría agregar, cuidada.

La muestra se realizó en el ámbito de una universidad pública, la Universidad Nacional de la Provincia de La Pampa, situada en la ciudad de Santa Rosa.  Fue la ciudad en la que desarrollé gran parte de mi vida profesional, como médico, cirujano y artista. La exposición estuvo acompañada por una disertación acerca de los derechos de las mujeres y sendas presentaciones, la de una orquesta infanto-juvenil y una performance de baile contemporáneo a cargo de Candela, bailarina y entrañable amiga.

Luego se hizo itinerante con otras presentaciones. La más trascendente fue en la Legislatura Provincial, en la sala de Exposiciones de la Cámara de Diputados de la provincia de La Pampa.

Por las sensaciones e impresiones que fueron plasmadas en el libro de comentarios de la obra y en algunos relatos de los cuales tuve noticias, las imágenes tuvieron, desde el magnetismo atractivo hasta al rechazo; pasando por una variada gama de sensaciones y sentimientos dentro de los cuales la identificación fue, quizás, la más prevalente.


Puedo hacerlo sin miedo 


También hubo mujeres que me dijeron que no podían mirarlas. Hubo un hecho también curioso: una diputada pidió apoyo a sus homólogos, para hacer una declaración de rechazo por parte del cuerpo legislativo para pedir que la obra fuera quitada del espacio público, por lo impúdico de las imágenes.

Aunque sé, de buena fuente, que su intención no fue expresada con el decoro que reclamaba, ya que su demanda verbal fue soez y vulgar. A la par de todo aquello a lo que su mirada pretendía sojuzgar, censurar y prohibir.

MPS: ¿Cuándo y dónde comenzó en el mundo del arte?

FG: Podría decir que desde pequeño. De niño jugaba a ser artista. Aunque  el contexto tenía otros planes para mí, por lo que tomó cuarenta años re-ejercitar esa virtud y poder desarrollar mi deseo de ser artista y, como le gusta decir a mi amiga Lucía, “vivir de lo que haces mientras haces lo que deseas”.

A los 40 años me hice la pregunta sobre si tenía el talento y la virtud de expresarme y plasmar mi mundo imaginario y también el mundo real. Me pregunté si podía darle a mis impulsos artísticos un sentido contextual y significante.

Desde entonces mi obra, y yo con ella, tenemos un devenir colorido, como su paleta; intrincado, como los infinitos contornos y derivadas de sus trazos y trazados. Complejo, como la naturaleza que nos origina y nos rodea. Maravilloso, como la inocencia irreverente y provocadora del niño que aparece junto con ella. Misterioso, ocurrente, simpático y mezquino, como minerales preciosos que han sido sepultados por los procesos conformacionales, propios y ajenos; inevitables y eludibles,  que pugnan por aparecer y aparecer en la impronta de las pinturas.

MPS: Del impresionismo abstracto ha dado un salto para una muestra que se llama Derechos... ¿cómo llegó este cambio, a qué obedeció?

FG: En realidad fue a la inversa. La obra acerca de los Derechos es mi primera exposición pública. Fue en 2007, a poco de haber comenzado a transitar el proceso de re-encontrar al artista; estas figuras aparecen en un momento en el que me encontraba inmerso en el contexto de mi trabajo, por entonces como médico. Y salidas de ese contexto, fueron creadas por la imaginación y la necesidad de decir algo que aún se está expresando; ya no con la forma verosímil de la imagen de un cuerpo, sino en la abstracción impresionista que entremezcla, con los colores, porciones de imaginación y de realidad.


Por favor no vuelvas 


MPS: La mujer maltratada y empoderada está allí. Igualmente desnuda... con los colores primarios... ¿busca un poco hurgar la conciencia?

FG: Sin dudarlo, la mujer, intenta estar ahí o yo intenté que así fuese.  Aunque decirles maltratadas y empoderadas no es mi estilo. La violencia en cualquiera de sus expresiones es un proceso subjetivo, muy complejo y que lo hacemos todos y que lleva la impronta de la cultura en la que se origina o en todo caso con la cultura que prevalece, que domina y decide la forma de sufrimiento; por lo tanto, dejar el maltrato relegado sólo a esa mirada del maltrato, estrecha el campo visual y modera las consideraciones. Le resta mucho del sentido que se hace imprescindible dar y distorsiona aquello que es necesario mirar. 

Empoderar es verbo que evito, aunque entiendo su origen y su sentido: Lo prescindo porque me resulta escaso para explicar lo que se quiere decir y sintetizar al utilizarlo. Y, lo más importante, porque la metáfora que construye remite, en su etimología lingüística, al proceso que violenta, a la colonización, la esclavitud y el maltrato de los individuos a los cuales se somete, se los clasifica y se los ordena según ese orden establecido; el orden del poder.

Dar poder (empoderar) resulta un oxímoron que, como dije, no explica lo que se cuestiona y valida al mismo orden que cuestiona. Ayuda a ocultar aquello de lo que se cree estar hablando para volver a negarlo.

Semejante a la interpretación que nos ofreció Michel Foucault acerca del discurso sobre el sexo y la sexualidad que aparenta hablar y que nos habilita a hablar cuando en realidad es la construcción perfecta de la negación y el tabú.

Como te dije antes, es el niño que provoca e incomoda y, en tal caso hurga, para utilizar tu significante, y lo hace en su conciencia. El niño siempre está ahí, presente, para cuestionar la hegemonía, cualquiera esta sea.

A propósito de la pregunta acerca del “desnudo”, supe decir que éstas eran mujeres sin sus ropas en la cuales lo más visible y expresivo - al menos para mí – está en las posturas corporales y en sus rostros. Aspectos y partes del cuerpo que, en nuestra cultura blanca, occidental y judeo-cristiana, siempre están a la vista, aun cuando no resultan ser las partes más miradas y significadas del cuerpo de las mujeres.

MPS: Las mujeres de “Derechos” llueven sobre elementos: tierra, aguas, selvas... ¿está la mujer más cerca de la naturaleza? 

FG: Los elementos que tú  señalas son signos que el observador podría asociar al verlas. En las pinturas son atmósferas; intentos, desde mi subjetividad, de atreverme a imaginar cómo serían o cómo son los contextos reales  de esas y de cada mujer de las que éstas pueden ser ejemplo.

Son doce obras, con tres temáticas: el aborto, la violencia y la libertad de vientre y del goce sexual (a la que suele llamarse salud sexual y reproductiva). Podrían ser doce individuos; o también podrían ser tres momentos de la vida de cuatro mujeres. Aunque son infinitas las combinaciones posibles.

MPS: ¿Mas cerca del paraíso y por ello indefensa ante los pequeños infiernos que a muchas les toca vivir?

FG: El paraíso. Es una idea que asumo como fantástica y que no está en mi imaginario. Al menos no la que está en el imaginario colectivo atravesado por los sistemas de creencias. Estas imágenes son vitales; aluden a la morbosidad  y a la frescura y al deseo de la carne; a la fragilidad y a la fortaleza del tejido humano. Si quien las mira puede o quiere ver o imaginar seres reales, pues esos seres son vitales y exitosos en términos de supervivencia, porque están ahí, vivas a pesar de ellas mismas y a pesar de todo y de todos. No son seres indefensos; son seres vulnerables y capaces de sobrevivir.




MPS: ¿Qué huellas emocionales le dejó a usted “Derechos”?

FG: En lo personal y subjetivo aquella fue una experiencia plena de satisfacción en lo artístico y en lo emocional. Colmó mis expectativas y me afirmó la idea de que he venido a este mundo, a esta dimensión, con la configuración primigenia de ser artista. Y aunque estas formas de expresarme a través de las artes plásticas quedaron algo relegadas por algunos años, reconozco que mi desempeño como médico, cirujano, ginecólogo y psicoanalista han resultado ser sólo matices de la misma virtud y talento.

MPS: Los colores de su impresionismo abstracto son muy dinámicos. Vitales. Contrastan con esta serie de mujeres. ¿Qué significó apartarse de ese lenguaje ya conquistado... incluso cómodo?

FG: El arte es incómodo. Lo es para mí que lo hago y asumo que también lo es para quien mira la obra, aunque no siempre lo sepa o sea consciente de esa incomodidad y que, para salir de ese lugar, apele a algún recurso de escape o al catálogo perezoso o a la lectura de la crítica para salir de su incomodidad. La comodidad es algo que desconozco como sentimiento, porque es efímera y especialmente en el arte. La comodidad está lejos de la creación.

Desde mi punto de vista, la comodidad es propioceptiva y kinestésica. Uno se siente cómodo en un determinado lugar y momento y, ahí mismo, se debate entre el deseo de prolongarlo indefinidamente y el anhelo de poder volver a recrearlo.


Eequinox


MPS: ¿Por qué?

FG: Porque es finito. Por su parte, la incomodidad es incondicionalmente duradera, no necesita pródromos y el anhelo de evitarla o interrumpirla o abolirla es eficaz, porque una vez alcanzado, se convierte en una obra. Y la incomodidad de la que hablo es más que aquello de la crisis “del blanco” o de las ausencias de inspiración. Eso es un estado en un contexto.

La incomodidad es inspiración; es inquietud, es curiosidad.

Sin embargo entiendo el sentido de tu pregunta y me animo a decir que era más fácil aquello, aunque igualmente incómodo. Lo figurativo, lo concreto, es un relato que funciona; aunque hoy lo siento como un anuncio, porque es visible, se comprende y se lee, digamos fácilmente porque activa la pereza en el observador que cree comprender que, en lo que ve, está el sentido de la obra. Me remite a Magritte diciéndonos: “Ceci n’est pas una pipe” (“Esto no es una pipa”).

A veces quien observa se desconcierta un poco y apela al título de la pintura; aunque y más aún el desconcierto cuando lee que el título de la obra es: “Sin título”. Eso, tal vez, lo haga pensar un poco más, es un dilema a dilucidar y se me ocurre como pregunta analítica: “¿Qué ve y que piensa el individuo que ve y el que mira una pintura?”

Atino a decir que el arte de saber qué pasa por la cabeza de un humano cuando mira una pintura y la imagen que se le representa es una pintura en sí misma. 

Con el tiempo comprendí que, para que eso sea posible, para que cada observador imagine y pinte su propia pintura viendo y viéndose en la que mira, el título y hasta mi firma pueden ser elementos perturbadores tanto como el hecho de explicarle el sentido o la idea o el deseo que he plasmado. Por esas razones evito colonizarlos omitiendo las explicaciones, a menos que se me solicite esa información.

El impresionismo abstracto vino a ser “el salto cuántico”. Surgió cuando pude, o asumí que podía, comprender la abstracción de una idea o de un sentimiento o, mejor aún, de un deseo. En ese orden asumo que lo fui configurando. Y sigo, comprendiendo, explorando, curioseando. Así es y así será. Aquello de la composición figurativa fue el comienzo.

Aun así, admito que la “atmósfera” en la que flotan las mujeres de la serie, construye un entorno sugerente que está abstracto, omnipresente.

En la serie abstracciones, esa serie que Lucía ha dado en llamar Impresionismo Abstracto (de ahí su nombre), cada imagen se construye y se compone en el soporte de un modo en que, aquello que le dio origen, se hace, se deshace y se rehace. El deseo originario.

La abstracción, para mí, es bellamente incómoda.


El guerrero amarillo


MPS: ¿Qué planes tiene a futuro?     

FG: Vivir, pintar; hacer arte; vivir del arte y con arte; en Italia, en Europa y en el mundo. Conocer aquello que no está en los catálogos y pintarlo. Seguir pintando, mis sentires y mis deseos.

MPS: ¿A qué se debe el artista de hoy en día?

FG: A sí mismo y a la posibilidad de  invitar a otros a conocer mi mirada a través de mi obra y a ver “lo que no está en los catálogos”… Invitar a otros a conocer su mirada de sí mismos a través de la obra artística, analítica y anaclítica, si fuere posible y deseado.

MPS: Usted insiste en su visión del arte como impresión…

FG: Si, deseo aportar  algo más acerca de lo que dije de la figuración y la abstracción. Según lo comprendo, el arte figurativo no existe sino en la mirada del observador o del clasificador; en la taxonomía inevitable de la historia del arte o en la mirada y en la necesidad del crítico que necesita traducir para otros, sea para hacer una caracterización estética o una cotización para ponerle un precio (que no es ni será el valor de la obra) para lo cual no tiene mejor perspectiva que cualquier observador u observador cualquiera.

Cualquier artista que pinte, desde un bodegón a un retrato, desde un paisaje a la representación más abstracta e incomprensible de sus fantasías o sus deseos o realidades, inscribe y plasma en su obra las marcas y señales, las improntas de su inconsciente. Nada de lo que vemos ahí es real, ni siquiera en la mera representación realista, realista o surrealista. Vuelvo a Magritte. Y lo digo para argumentar que mi visión del arte es la impresión.

De ese modo se invita y se habilita a que cada quien vea con su mirada, con la que puede y con la que le permite hasta rechazar lo que ve, como aquellas mujeres que no podían ver las pinturas cuyas imágenes la remitían vaya uno a saber a qué, adónde, a cuándo…? no lo sé y no me importa, porque esa es la invitación abierta e incondicional, a mirarse a través del “espejo”, que es la obra que, como Alicia detrás del Espejo (Alice through the looking glassde Lewis Carrol, sea vista por ella misma en su reflejo (verse y verse viéndose) y habitar, vivir y experimentar, por un instante o para siempre, la noción que le ayude a comprender/se, a conocer/se, a aceptar/se, a través de ese mundo imaginario; para continuar su paso por el mundo real, que permanece por fuera de la obra en la que se está mirando. 

Por esto digo que la interpretación es para quienes tienen la necesidad de ver y proyectar/se ignorando qué, porqué y para qué. Ver/se sin mirar/se es como lo señaló Jean Paul Sartre: “El infierno siempre es el otro”.

A mi me ha sucedido algo muy especial con las mujeres de “Derechos”. Desde que las vi les tomé un enorme cariño. Me hicieron temblar. Llorar.

Me emocionaron.

No me fijé en su pubis, que allí estaba.

Vi la amplitud. Hablé con el contraste de sus colores.

Sufran o mueran, destilan; están vivas.

Las cobijaría. Las abrazaría

Cuando somos madres entendemos que todos nuestros hijos, buenos o malos, son parte del todo.

Los derechos allí están pero debemos despertar los instintos.

El corazón es más poderoso.

Allí se esconde el universo.

¡Despertemos!

Infierno Sartreano





1 comentario:

abril dijo...

Es muy interesante esta propuesta para pensar, al decir de Lacan, que nos culturizamos con la palabra y nos subjetivamos a través del ella.Abandonamos con negligencia la comunicación y nuestro despertar a través de las imágenes pictóricas del neolítico para dar paso oclusivo a lo lingúístico en su forma de palabra oral o escrita. Adelante!