lunes, 25 de julio de 2022

Virginia Gal: límite y resguardo

 





Virginia Gal se hizo a sí misma en el mundo de la pintura con dos esencias vitales de trabajo: su fuego creador y su perseverancia mediterránea. De allí que el universo de todas sus búsquedas comenzaran a muy temprana edad descubriendo el poder del color, con todas sus transparencias y difuminaciones, los trazos seguros al delinear paisajes, y la destreza con la espátula para describir las emociones de las aguas, de los árboles crustáceos,  de los conmovedores atardeceres,  de las flores hilvanadas y de las hojas embrionarias; destinadas a conservar los recuerdos temporales.

La serena sensibilidad con la que ha ido  recreando su obra la han llevado por los caminos de paisajes revisados por la memoria, cuando el pulso encuentra la expresividad y nace la necesidad de resolver, en el apretado lienzo, todo lo que se quiere transmitir.

El recuerdo suele dibujar su ancho mapa de luces y sombras. El verdadero artista asume el reto y así comienza la fragua con su sello personal y el dictamen de su corazón, especiados tonos acuarela o vibrantes, que se van mezclando en la travesía de esa gran barca que es la creatividad.

De los muchos viajes realizados por tierras de otros continentes, que tienen otras  tramas y coloraciones, a Virginia le nació esa adhesión espontánea de recrearlos, así como también el rescate lleno de ingenuidad de ella misma, convertida en afable lectora de libros, mientras los títulos recuerdan fechas exactas de genocidios, en las que la humanidad vivió completa oscuridad, tierra rendida bajo el mismo sol, que también nos hace ser los más sublimes.




Por eso ella va hacia la vitalidad y retiene visualmente lo que pocos se atreven: la sonora carcajada marina del Mediterráneo, así como el choque del fuego del Volcán Cumbre Vieja al cortar las aguas del Atlántico.

Tamizar el instante que rápidamente olvidaremos, por efímero, es lo que  se ha propuesto Virginia Gal, en ese incesante ir y devenir que es el arte, capaz de regresar la felicidad nada más tocar su poesía.

Sabemos que la naturaleza no se repite y sin embargo podemos regresar a ciertos paisajes que aportarán al día siguiente parte de lo que el artista no ha podido dominar. Sin embargo, en el impermanente mar lo que se pueda capturar y plasmar permanecerá en el capricho de la memoria. Captado y guardado, el motor conceptual intentará reproducirlo.

En Gal entonces surge una novedad. El expresionismo interior capta la luz del impresionismo exterior, para dejar al espectador frente a la imagen del choque de las aguas enmarañadas, cuando se mezclan azules y espumas, con la virulencia del movimiento. Su tenacidad está en detenerlos justo cuando se escapan.

También está la necesidad de llevar la textura y las flores al límite de un acercamiento innovador, brindado por el color, los planos que de cerca revelan y de lejos contribuyen a amar el recorrido, como claro resguardo de su vivencia más básica.

Es un juego constante en ella: llevar al espectador a otra mirada, a la observación imperante de su naturaleza latente y apremiante, para advertir sobre los otros relatos que se entretejen en los recuerdos.

El tiempo hace al artista experto en reconocer con mayor rapidez, las nutrientes rendijas de luz  y de oscuridad para esconderse para proyectar su universo.

La elasticidad de Virginia Gal a la hora de componer sus obras y la libertad de sus movimientos al encontrar en la naturaleza todo tipo rincones para recordarnos que existen,  es el mejor motivo para celebrar su obra.

Lo cotidiano tiene dimensión brillante, reconociendo  sus capas, fragmentos y matiz multicolor.

 

@viginiagalarte

https://opensea.io/collection/virginiagalarte

https://www.santanaartgallery.com/virginia-gal 

 

 

Virginia Gal expuso su obra a finales de mayo de 2022 en  Santana Art Gallery, de Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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