martes, 5 de mayo de 2020

La veta (cartas de apoyo a pacientes Covid)




Gumersindo era un hombre delgado y bajo. Caminaba rápido y tendía su cuerpo a estar un poco de lado. Tendría unos setenta años, pero no se le adivinaba rápidamente la edad. A veces se le veía aún más mayor, otras más joven.

Lo conocí a través de un amigo al que  siempre llamamos por su  apellido, Aral, quien tenía en su pequeño terreno,  problemas de agua y en el pueblo le recomendaron llamar a  este zahorí, descubridor de vetas de agua subterráneas, capaces de mitigar la escasez de esas áridas tierras.

Llegó con dos baritas de cobre, cigarro encendido a un lado de la boca, sin ganas de hablar ni de perder tiempo. Se movió rápido por el lugar y vimos como en una zona específica, las varillas se le tensaron. Sin embargo no percibió la fuerza como para recomendar perforaciones. La veta era débil.

Se fue Gumersindo un poco cabizbajo encendiendo el cigarro, con la del que iba a desechar.

Apenas había caminado unos cincuenta metros, se devolvió con agilidad y dijo que  tenía la solución. Iba a hablar con el dueño de otro terreno que estaba bastante cerca, donde la calidad y la cantidad de agua no eran problema. Su anterior hallazgo tenía que ser compartido. Dijo con convicción “a mí no me va a decir que no”.

Así fue. Varias pequeñas haciendas fueron beneficiadas por esta acción, Aral pudo sembrar rosas y un montón de árboles frutales y una pequeña alberca para que se refrescaran las aves de toda la zona, bastante seca y sin lagos o ríos.

Lo acompañé muchas veces en su sueño de hacer este lugar uno de los más acogedores. Lo logró con esfuerzo, dedicación. Con los años se convirtió en un remanso de paz, refugio de meditaciones.

Percibiendo sin la sensación de que nos fue robado, al pasado mes de abril, sólo podemos culparlo de cosas buenas: sus varillas mágicas nos colocaron justo en el lugar donde debíamos estar, en éste reposo obligado, conocimos la amistad, solidaridad y belleza de muchas personas, como muy bien me lo recordaron mis primos jubilados de Barcelona.

El manantial de la creatividad fluyó para demostrar que la paz es un estado de conciencia gestado en la confianza. Que hay grandeza por doquier, que hay amor, entrega y los deseos de seguir hacia adelante porque aún podremos ver cosas mejores.

A Gumersindo nunca más volví a ver  aunque siempre que pude pregunté por él. Continuaba con esa labor sin cobrar, aceptando solo un cafecito. No probaba bocado, por pequeño que fuese, no había forma de convencerle.

“Se me tuercen las varillas”, recuerdo dijo con sorna, la vez que le insistí comiera.

Hoy  primer martes de mayo, resultó día primaveral perfecto: sin frío, sin calor, soleado por doquier. Acompaña en esta recuperación tuya, por su sensación intrínseca de alegría. De este mes también recordaremos su positivo paso en nuestras vidas.

Mi gato Chachito duerme.

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