domingo, 3 de mayo de 2020

Madres (cartas de apoyo a pacientes Covid)



Ayer en el supermercado mientras esperaba comprar una barra de pan, un hombre joven compraba tres tartas para el Día de la Madre. La dependienta le advertía que estaban congeladas y que las debía dejar fuera de la nevera, un tiempo antes de servirlas. El muchacho respondió levantando los hombros y movimiento afirmativamente la cabeza, sin pronunciar palabra alguna. También pudo ser que se ahorró hablar por el barbijo que tenía, ocultándole boca y nariz, como el resto de las personas que estábamos allí.  

¡Tres tortas!: madre, madre de sus hijos y  madre suegra.

Lo curioso es que las tenga viviendo juntas, a juzgar por esta pandemia que no permite visitar siquiera a nuestra mamá. O muy cerca, como para dejarles el dulce detalle.

La compra del chico además me sirvió para recordar que este domingo se homenajea la labor femenina, pero cuánto mejor compartida, de traer hijos al mundo.

Una fecha completamente distinta para quienes no podrán acercarse siquiera a ver a su mamá y llevarle algún detalle, aun cuando los teléfonos y las redes sociales permitirán lo más importante:  hablar con ellas, transmitirles nuestro cariño.

Si bien como muchas otras celebraciones, ésta se ha convertido en otra más de consumismo con alboroto, también es una fecha que se acepta con mimo, no está de más dejarse querer y juntar a la familia por un día, que en realidad es un hacer todos los días.

La tarea desde el mismo momento de gestación no se detiene. Compromiso, responsabilidad, alegrías y crecimiento con todas sus vertientes es la misión de una pareja e igual camino si la mujer por cualquiera de las razones tenga o decida hacerlo en solitario.

Los que tenemos la alegría de tener nuestra madre viva sabemos de la abnegación que tuvieron en tiempos completamente distintos a los nuestros. Sin las herramientas de hoy en día, ejecutaron la obra limpia de acercarnos a un mejor porvenir, con éxito.

A mi madre esta mañana cuando la llamé y nos felicitamos mutuamente, hablaba con su voz más complacida, estaba contenta porque ya los días no serán tan fríos, había salido el sol que secaría su ropa y le permitiría ducharse sin tantos temblores, mientras se reía de las travesuras que en ese momento le contaba me estaba haciendo el gato.

Lo sencillo, lo que no huele a compra y venta, eso es lo que realmente nos emociona.  Saber que nuestros hijos están bien y que nos ayudan cada día a ser mejores seres humanos.

El panorama de esta situación mundial va despejándose, solo aspiramos tu pronto regreso a casa, con las ganas de vivir; con la sonrisa de lo superado.

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Foto: 



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