La cuarentena,
confinamiento o como quiera llamarse es repaso de todo cuanto hemos vivido. Por
más ejercicios translucidos que realicemos con el tiempo, ahora que pareciese
que contamos con más, aunque sin saber muy bien la razón de este regalo, tenemos una sensación de calma apremiante.
Dudas, preguntas,
angustias, dolor y crispación también pueden presentarse en esta puesta en
escena que muchos autores ya han bautizado de fantasmal, de acuerdo a la
ausencia de seres humanos en las más grandes urbes del globo terráqueo.
Cuando en el mes de enero
mostraban imágenes de ciudades chinas, sin personas en sus calles, eso que se
veía tan lejos, se precipitó sin que nada pudiéramos hacer los ciudadanos del
mundo.
La vulnerabilidad e
indefensión es cronometrada y contabilizada a diario en los medios. Se
interpretan y analizan datos, se relatan
vivencias por doquier. Opinar es un derecho.
Pero yo me quedó con saber
que mi vecina se llama Francisca. Lo supe hace un par de días cuando escuché
que alguien la llamaba y reconocí su voz, al responder.
Nunca había hablado con
ella hasta que un día de esta encerrona, asomada por la ventana la saludé al
verle. Además de regalarme una amplia sonrisa, me preguntó si estábamos bien.
Respondí afirmativamente y nos despedimos, con complicidad.
Vivo desde hace poco
tiempo en este lugar y a pesar de ver que la casita de Francisca es muy módica,
ubicada en una especie de angostillo, entrometiéndose nuestros balcones en sus
espacios; está arreglada con mimo, pintada con gusto, azul, blanco y verde.
La simplicidad de los
colores tan bien combinados hablan del lujo que es llevar por dentro el orden,
el gusto por cuidar el alrededor;
guiarse por una soledad que se reconoce sensata, productiva.
Soledad que no registra aislamiento.
La he visto barrer muy
temprano, casi a diario, y por sobre todo, regar sus plantas. Tiene muchas
macetas a lo largo del callejón sin salida y un balcón distinguido por geranios,
pensamientos y calas en flor.
Los ejercicios
translucidos son ambarinos: luces y sombras por doquier. Dejemos que la sencillez
vaya filtrando lo que somos.
Los aspavientos regresan
por el mismo camino transitado.
Soy Marisol. Día y tarde
de sol de mediados de abril. Mi gato duerme. Tu pronta recuperación es salida
hacia el repaso de ser.
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